25 de septiembre 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

¡Qué modo inusitado de pasar por las estaciones del índice, teniendo ya a la vista una marca «2000» que estaba enterrada en un pasado de década! Mientras estuvimos entre los «400» y los «500», existía una banda de flotación sumamente armónica y elásticamente concebida, que generaba rebotes al llegarse cerca del piso y --también-corregía cuando el entusiasmo se quería llevar por delante a los precios, cuando los conductores -los operadores-y sus ansias contenidas, se mostraban más rápidos que el vehículo. Un absurdo que se recortaba y todo retornaba al balanceo, dentro de esa centena de base de operaciones.

Pero los acontecimientos fueron sumándose y aumentando la gravedad de los hechos, y allí los mervales cobraron una epidermis resbaladiza, imposible de ser tomada y -mucho menos-gobernada, haciendo una pendiente a manera de pared casi vertical que hoy nos tiene ahí: mirando de cerca a una frontera que estaba allá lejos, en el tiempo. Cuando esto escribimos, jueves por la noche, el Merval clásico concluía en los «242» y venía de superar 10 por ciento de caída, en sólo dos ruedas. Esto aparece publicado en martes y esas dos ruedas que faltan, pueden haber hecho mucho más dramático el caso de los «200», o haber detenido el reloj con la cuenta regresiva...

La cepillada sobre posiciones de «caucionados» debe haber sido plena de hechos desagradables: posiblemente la imagen más amarga, más indeseada de ver, de todas las postales que se puedan pintar sobre la Bolsa. Aquella que registra el instante donde a alguien le liquidan las posiciones, porque no pudo reponer garantías para seguir sosteniendo la caución. Y muchas veces sucede que ¡queda debiendo dinero: sin poseer una sola acción en su cartera! Solamente hay un grado más, para llegar a lo que puede ser la figura más patética de todas cuantas se puedan registrar en el catálogo bursátil: cuando, después de esa liquidación compulsiva, la plaza se da la vuelta y comienza a generar una suba tras otra, para que el pobre caucionado -vacío ya de posición-observe como el mercado parece sacarle la lengua, ante cada aumento de los títulos que él tenía en cartera...

No son tiempos para jugar a la «caución», desde hace bastante lo mencionábamos y está comprobado por todos los maestros de mercado: que el momento de jugar apalancado, es cuando la tendencia es alcista ¡nunca a la inversa! Siempre se puede seguir bajando, que lo digan los que veían como barato a un Merval de «500» y lo daban como un piso inexpugnable. Acaso, muchos de ellos estén bajo los escombros de estos meses, donde todo se cayó en nuestra Bolsa... Como un par de Torres Gemelas.


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