Sería bueno que alguno de los poderes constitucionales le pongan un límite, una nítida frontera a lo que resulta el campo de la jubilación privada y las embestidas estatales sobre el mismo. De lo contrario, es muy probable que en un punto determinado los Fondos de Pensión lleguen a ser un fiasco, todavía mayor que la jubilación por el sistema primitivo.
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Viendo por estos días las intenciones, las declaraciones, los ataques y las defensas que tienen a la jubilación privada como eje, se puede llegar a algunas conclusiones derivadas de las propias palabras de los interesados. Por una parte, las élites de funcionarios gubernamentales -en especial de Economía-atropellan directamente a las entidades, para que éstas asuman el poseer títulos de deuda argentinos: de cualquier condición y calidad. Lo que enarbolan, por delante de las narices de los administradores de Fondos, es que tienen el poder como para cambiarles las reglas de juego y poner en serios riesgos el nivel de las comisiones, la deserción de afiliados, o cualquiera otra norma que se les ocurra para perjudicar a los «rebeldes». Y los atribulados administradores terminan -al menos, hasta ahorasiendo complacientes con esos funcionarios, tragando sapos vivos, ensuciando las carteras que tienen la obligación de defender con el mayor intelecto y rectitud.
Como siempre, en nuestro medio el gran perjudicado es el ciudadano involucrado en la jubilación privada, que no puede defenderse y tampoco decide nada sobre: la calidad de las inversiones. Por estos tiempos parece que la gota rebalsó el vaso, porque querer colocarles bonos a un nivel fijo de 8% anual, enerva hasta al más complaciente. Es, directamente, una estafa la que se quiere perpetrar contra el sistema y bajo ese tipo de coacción encubierta -a veces, a la descubierta- que arrasa con el capital colocado, de miles de argentinos. La pulseada está planteada, los funcionarios quieren -al mejor estilo de los que aprietan-que los Fondos se queden en sus trece, sin protestar y bien calladitos, para poder seguir cobrando comisiones que -todos saben-son exageradas. Los Fondos, que bastante han digerido ya de «papel malo» nacional, intentan una rebelión sin levantar mucho el copete, posiblemente buscando que les reconozcan algún puntito más... y transar. En la caldera del sistema jubilatorio se están cocinando habas muy dañinas, para un futuro no muy lejano, más allá de un porcentaje de morosidad -en torno a 50%- que es otra bomba de tiempo: por gente que llegaría a la edad del retiro, sin tener ninguna cobertura y ningún ingreso para la supervivencia. Algo que camina por debajo, pero que es tan grave y candente, como los hechos más delicados que caminan por arriba. Pero, de esto, no se habla.