«Dale... dale, que mañana es Reyes», así alentaba robusto y simpático operador profesional, a un colega que se debatía en la plaza de Pérez del fabuloso lunes pasado. Y era así, nomás, como pensar que en lugar de 26 de noviembre era una rueda del 6 de enero y con los tres Reyes Magos plenos de órdenes bursátiles --tomadoras-en sus bolsas. Ya el viernes previo, que no había logrado enderezar el global de la semana, resultaba alentador con su más de 2% de incremento y después de haber pasado -en esa semana-por una rueda con caída a pique de 7% y estando «al borde del abismo» (tal nuestro título acerca de esa rueda)...
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El asunto es que esa mañana de lunes venía con novedades casi inverosímiles, pero «normales» para el ciudadano local que está como anestesiado y resbalándose todo. Por caso, la contra-tapa de Ambito Financiero donde se mencionaban indicaciones del presidente de la Nación, para que sindicalistas y empresarios ofrecieran una sonrisa complacida y optimista -con plena fe en el plan económico-ante los funcionarios del Fondo Monetario (a los que se suponen medios «lelos», como para tragarse semejantes sapos a pedido). También venía con la novedad de techos, de límites por decreto para la retribución en tasas de interés y metiendo mano en el mercado de un modo frontal y poco claro. ¿Cuánta tasa se le debe reclamar al sistema bancario de un país que sigue al borde de una cesación de pagos, que no consigue un medio centavo de crédito, y que está políticamente atomizado? Respuesta oficial: no más de 15%, en pesos, para los plazos fijos. Pero, siempre con la figura de la compensación forzada, que indicaba una ofrenda para los bancos y para que estos -a su vez-aceptaran esos canjes (inverosímiles también...). Bueno, con todo el cóctel de ese lunes por la mañana, los que se dirigieron a la Bolsa -pocos, hoy en día-se encontraron con un mercado optimista por demás, que salvó en esa rueda la baja acumulada de noviembre y jugando la apuesta fuerte de pasar a ganar, en los días que restaban para cerrar el mes. Otro milagrito del sistema de riesgo, que asumía con naturalidad las recomendaciones de un Presidente para sus sindicalistas y empresarios, y le metía fuego a la caldera (como si, al otro día, fuera Día de Reyes). El año, obviamente, está siempre dentro de las inversiones muy inundadas de pérdidas. Nada menos que a 48% de merma el Merval, era la apertura de la semana, y cuando solamente resta un mes para decretar el cierre de ejercicio. Papeles que caían hasta más de 80% en estos once meses, caso Acíndar, varios entre 60% y hasta 70% de recorte. En fin, un verdadero desastre, pero propio de lo que se vino cocinando en la Argentina desde principios de temporada. Todo fue de liquidación, con ligeros repuntes de «gatos muertos» (que nunca rebotan como deben). Solamente, hacen un vuelito corto... Informate más
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