31 de mayo 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Todo un caso... lo de Acíndar. Todo un caso... la valorización de la acción del Mercado de Valores. Todo un caso... el formidable repuntar de la plaza, 6%, y con P.C. en casi 10%, justo el día donde el riesgo-país coronaba una nueva cumbre insólita --pa-sando «6.000» puntos-y en el Congreso y sus alrededores todas eran serias dudas. Todo esto, en un par de ruedas iniciales de la última semana de un mayo que vino terrible, como hace tiempo no se veía. Y no va dicho por la magnitud de la baja de los índices, sino por la corrosiva permanencia bajista y el efecto de esto sobre los ánimos, mucho más que sobre los bolsillos. Se venían contabilizando unas 17 ruedas, con 15 dando retrocesos. No importa si es 0,5% solamente, 0,3% o 1 por ciento. Lo que hace que la gente se desanime absolutamente es caer en la sensación de: hagamos lo que hagamos, terminamos perdiendo. Y muchas de esas fechas tenían máximos mervales superando el día previo: ergo, había zonas claramente positivas, que no se podían sostener y se daban vuelta.

Lo de ese día 28 resultó todo un campanazo, por aquello del riesgo-país, porque nada parecía encaminarse bien en el escenario de enorme «mufa» que nos persigue a todos... ¿A qué se debía? De creer algunas opiniones desde adentro, desde la cocina del negocio, se adjudicaba a versiones sobre «un arreglo muy cercano con el Fondo» (?).

Lo de P.C. tenía otra coincidencia, como era la difusión de un Oscar Vicente poco menos que queriendo «socializar» las deudas empresarias, anular el natural riesgo del negocio (donde los avatares cambiarios deben incluirse) y volver a los '80, evocando algún «Mingo» solícito que consienta en cubrir todo con el ajado manto del Estado... Si esto lo pide quien pertenece a un grupo de los fuertes, imaginemos a directores como el de Acíndar, por ejemplo. Pero hay que ser realistas en todos los aspectos, y si bien es correcto que a los balances se les agrega la devaluación pero no los ajustes por inflación (y esto lo puntualizamos hace ya un buen tiempo, desde esta columna y en los comentarios individuales de balances), se trata de dos correcciones distintas. Imaginemos a alguien que debe un préstamo en dólares y, a la vez, posee su casa, su auto, etc. El préstamo le exige tres veces más esfuerzo, real, al juntar los pesos para tratar de pagar. Y sus bienes, por más que los corrija, no seguirán el mismo ritmo y su
valor de mercado no será -ni por asomo-parecido a lo del dólar. La deuda de una sociedad que pasa a patrimonio negativo será triplicada en pesos, de mínima. El ajuste por inflación resultará -hasta aquí- mucho menor y, ciertamente, nominal, por lo cual, en la práctica, el escenario no se compensa al incorporar la inflación; solamente se atenúa, en lo que hace al juego contable. Pero, trate de vender esos activos con semejantes deudas. En fin, todo un caso... ¿no es cierto?

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