Como complemento del desgraciado de George Soros, una firma que se consideraba de prestigio -Goldman Sachs- apareció inventando un índice tan estúpido como rudimentario, pero que tiene un derecho de autoría. Han dado a conocer a un señor que lleva el título de «economista», supervisado y aprobado nada menos que por un directivo de esa empresa que es... brasileño. La novedad implica un juego de sube y baja: cuando Lula sube en encuestas, sube la valuación del dólar en Brasil (o baja la del real). Y, a la inversa, si el candidato baja en la estimación. Lo han denominado como «lulómetro» y los que quieren hacer pasar esto como una picardía de estudiantes secundarios lo titulan como simple «broma» de la casa de negocios sobre las próximas elecciones. También, a fin de cubrir con un manto de piedad las declaraciones de Soros, que se remataron nada menos que con: «En el capitalismo global sólo votan los norteamericanos, los brasileños no votan...», se las ha pasado como otra broma.
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Pero, como al unísono surgieron declaraciones de Bush sobre «intervenciones preventivas» y donde el Rey León ha decidido sobre el mundo que se reserva el derecho de atacar a quien quiera, introducirse donde sea y disparar ante cualquier sombra que pase por algún confín, bueno sería extender el manto de las «bromas» y ya hay varias como para poder escribir un libro sobre «Las mejores bromas y bromistas de 2002». Para aportar otras, de una sola semana, lo de Lavagna sobre los redescuentos y cuando, en el listado, los que se llevaron el grueso fueron los bancos oficiales símbolo. Sobre $ 17.000 millones, casi $ 10.000 millones para Nación y Provincia. Una ganga. Lo peor, lector, es que nada de eso es broma. Lo de Soros es la descripción cruda de lo que sucede en la globalización: sólo votan los norteamericanos. Lo de Goldman Sachs también, hay que inyectar cualquier tipo de pánico para que la democracia arroje aquello que la casa de Bolsa quiere que arroje. Obviamente, la broma, que no lo es y es la realidad más seria, pasa por un día darse vuelta y tener algún desembarco de «marines», porque consideran que en la Argentina hay señales de tipos haciendo una bomba. En cualquier parte, sin consultar a nadie, y sin necesitar ninguna «prueba absoluta» para proceder. Si se unen todos los cabos, encontrará usted el perfil más claro de un sistema que ha casi conseguido lo que no pudieron ni los romanos ni los franceses ni los ingleses, pasando por holandeses y españoles: imponer lo suyo, haciendo creer que son los campeones de la libertad y el equilibrio. Salvo aquello de Lavagna, lo de hoy pasa por andariveles exteriores, lo que no constituye un bálsamo, pero impone de un mundo que no es tan distinto de nuestro disparate local. Quizá somos solamente un efecto algo agigantado de todo lo que se observa, aun en la cumbre, en menores dosis o más encubiertas. «Al mundo le falta un tornillo»: tango. Informate más
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