Si se prosigue sin separar el origen de los problemas, vamos a continuar todos bajo el gran paraguas de ser víctimas de la devaluación: dejando como cosa juzgada, que antes de ello todo estaba de parabienes en nuestro país. Y mientras prosigamos desde los medios, con citas de las horrendas cifras que «traen los balances de las principales empresas, afectadas por el tipo de cambio, etc., etc...»; se instalará la visión de un verdugo cambiario, que vino a arruinar la vida de nuestra excelente sociedad austral. Da la coincidencia que la mayoría de las que ocupan primeras planas, con sus pérdidas cuantiosas, poseen utilidades operativas. Y si bien traducidas a dólares resultan -casi siempre- inferiores al pasado, esto es por conducto de una crisis que ya viene cobijada de más de cuatro años en nuestra economía, mucho antes de la devaluación y los cambios de 2002.
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La sensación del «no error», del «todo estaba fenómeno», del «desastre lo hizo el que vino atrás...», siguen también instalados y es el permanente drama, de largos pasajes de la historia nacional: justamente, las páginas que más escribieron la decadencia y el abandono de todo tipo de principio básico. Estamos perdiendo los efectos favorables de una corrección cambiaria de magnitud, coincidiendo con variables que -ni por asomo- se han ajustado en igual proporción. La misma crisis, los salarios que se han quedado clavados y licuados, en dólares, como no lo hubiera imaginado ni el más opresor de los empresarios asiáticos, han actuado de dique de contención a cambios de precios que, en toda época, ya a estas alturas habían alcanzado al tipo de cambio, sobrepasado inclusive, y con una inflación en aceleración constante. Pues bien, no tenemos un desatarse inflacionario. Pero, la queja es unánime, y entonces se ven ataques frontales hasta de sectores que están exportando a valor dólar: pero, no quieren abonar ningún insumo semidolarizado, lo quieren pesificado. Es como el inversor tipo que haya estado en las dos manifestaciones: la que reaccionaba y era agresiva para que le pesificaran los créditos en dólares. Y, logrado esto, está inserto en las que reclaman la devolución de sus colocaciones: en dólares, solamente. Y hasta en las mínimas actitudes vemos, con cuidado, que la Argentina no cambia en el modo de conducirse. Los gobernantes, funcionarios, empresarios, intentan siempre disfrazar las cuestiones, venderle a la gente mentiras piadosas. O hacer un infantil cronograma para las malas noticias, de donde sobresalen las petroleras: que nos toman el pelo, anunciando sus aumentos de surtidores durante un domingo, un feriado nacional, fin de semana largo, alguna huelga general, o bien si existe algún tema que concite el gran interés. Y, mientras suenan los tambores hacia otra cuestión, deslizan gacetillas -hacia la medianoche- diciendo que subieron nuevamente los combustibles. No son chiquilanadas, son canalladas, que sumadas y aplicadas a todo el país: dan el chiquero en que nos seguiremos revolcando. Informate más
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