16 de septiembre 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

El primer día tenían otra vez luz verde y no hicieron un peso. En el segundo acto, el miércoles, se vieron vapuleados por acciones locales que sumaron unos $ 13 millones de efectivo, cuando los «certificados» apenas asomaron con $ 6 millones... Dos sendas se abrían, a partir de esto: o bien todavía no se repuso la plaza de esos ires y venires, tan propios de país inmensamente desprolijo y desesperante, o hay que pensar en que solamente servían como vehículo, como transporte bursátil para llevar dineros acorralados de una parte a otra y realizar la alquimia de: tomarlos en pesos y devolverlos en dólares. Si es esta la cuestión, pues febrilmente se deben estar analizando las alternativas, para poder seguir con lo mismo bajo otro ropaje, o quedarán por allí abandonados a su suerte...

Con esto, las acciones locales ganan. El sistema, como conjunto mercantil, que precisa comer honorarios sean de donde fueren, pierde. Pero, la realidad es que un instrumento bursátil debe ser utilizado para esos fines y no para los financieros puros, o cambiarios, inclusive. Desde que los bancos instauraron la «securitización» en el mundo, los desvíos se fueron diversificando, el empapelamiento mundial debe estar en cifras monstruosas, en una cadena de impagables, como para fundir cualquier cartera. Pero, se continúa adelante con eso de convertir operaciones que eran netamente bancarias, en bursátiles. O utilizar las herramientas de un mercado, para hacerlas trabajar con otros fines. A los bancos, por lo menos en el país, siempre les han molestado los ciclos demasiado exitosos, de la Bolsa y las acciones. Nadie nos tiene que contar, o tratar de desmentir, lo que hemos vivido en el propio ambiente y desde las épocas del «viejo recinto». Cuando la Bolsa se convertía en imán ciudadano, cuando la gente anulaba operaciones de renta fija para pasarse al riesgo, curiosamente aparecían vendedores fuertes, continuados, sin límites de defensa aparentes y con la clara intención de generar brechas que provocaran luego los «pánicos»: y la gente volvía corriendo a los otros activos...

Ahora, que están metidos en todo y bastante en lo bursátil también, posiblemente hayan amainado con sus enojos: además, con mercaditos como ha quedado el nuestro, ¿a quién puede molestar, incomodar, si casi no existe ya? De cualquier forma, para retomar el tema inicial, resultaba casi grotesco ver cómo en Wall Street había días de derrumbes y con las acciones metidas en un infierno de dudas y sospechas: mientras, en Buenos Aires, el volumen crecía y parecían ser tan requeridas y apetecibles. De paso, se fumaron en pipa los pocos pesos que iban a las plazas locales, las que nunca más retomaron el volumen. Ahora, es tiempo de revancha pero, estamos con raídos instrumentos...

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