A fecha del pasado lunes se tenían estos cómputos para lo que va del año en nuestro recinto bursátil. Sobre el cierre de setiembre, el Merval clásico ganaba 12,6%; en cambio, el Burcap bajaba casi 3,5% y el Indice Bolsa se ubicaba en salomónico nivel de 6,9%, en alza. Viendo el pasaje extendido, desde finales de 2001 teníamos al Merval con 50,6% de incremento ponderado; en este caso, el Burcap actuaba de modo muy diferente al mes y sube 82,5%; el Indice Bolsa queda segundo, rozando 70% de aumento. Los que abogan por «mercado muy barato» toman bases de comparaciones que dan idea del concepto, y se sabe que todo el que quiere demostrar su tesis abordará el parámetro que mejor le cabe. Algo así como los martilleros, con las propiedades, a las que ahora se converge en sintetizar como «muy baratas», dando por supuesto que los picos máximos alcanzados eran la realidad de la valuación. ¿No cabe la posibilidad de que, como tantas cosas en nuestro medio, en los momentos de la irrealidad del «uno a uno», aquéllas hubieran estado sobrevaluadas? Sería como querer acuñar una falacia mayor y tomando toda una década, atestiguar lo muy arrastrado de los precios accionarios actuales, dando por sentado que el pico de 1992 resultaba la medida correcta del nivel de los papeles. Se mezclan dos países, dos escenarios tan dispares como resultar las «estrellas de América» vs. compararnos, como se hizo, con Somalia. Pretender que los precios debieran estar a la altura de la devaluación real, resultaría hacer de cuenta que nada ha pasado. Que la economía empalmó con la normalidad, que el crédito fluye, las empresas no tienen horrendos endeudamientos, que la demanda interna se ha recobrado o que todo marcha sobre rieles. Y si se sabe que esto no es así, el juzgamiento de lo «caro» y lo «barato» puede hacer agua en cuanto se quieran adosar argumentos sensatos. Pero contra lo que puede decir un promedio ponderado, los casos individuales han hecho distingos al por mayor. Sin llegar al paroxismo de una Solvay Indupa subiendo el doble que el propio dólar ( llevaba 870% anual), hay un par en marca de 350% como Ledesma, algo menos Renault, entre medio se cuela la performance de Comercial del Plata (571%) y le sigue un ramillete de privilegiadas que rozan 300%, o superan la línea de 200% con holgura. Apenas dos papeles de los llamados líderes están en «default» con sus accionistas: son Telecom (43% abajo) y la plaza de TGS que todavía debe enjugar más de 13% de pérdida, sobre 2001. El desdoble de los Mervales muestra otra curiosidad: no hay distingos entre ellos; por ahora es como redundante discriminar locales y extranjeras: suben prácticamente igual, con sólo unas centésimas de diferencias. Los bancos y C. Puerto, acaso hayan jugado el juego de «las atrasadas»: porque en el año han resultado de las menos afortunadas. Hay de todo, para todos, y para que cada analista deduzca como quiera.
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