País de fantasías, se merece funcionarios de fantasía y, de paso, estadísticas de fantasía. Esta semana pasada, como viene sucediendo con habitualidad, surgieron los datos sobre la construcción -de enero de 2003-, ¿y de qué gran nueva se vienen todos a enterar? De que la actividad del sector más crucial -por su efecto multiplicador- repuntó 37,6%, nada menos. ¿Sobre qué plano comparativo? Sobre enero de 2002, cuando en el país no solamente nadie estaba dispuesto a construir nada, sino que todos temían, por lo que pudiera suceder, el caos. Esto y el ingenioso argumento de: «La inflación en el cementerio es cero», casi se tocan. Es ridículo, porque no puede servir de nada tal dato comparativo y suena como a seguir dando la evolución del índice Dow Jones «en puntos»: un modo caprichoso de querer dispersar por el mundo, con lo importante que resulta, un nivel nominal que no otorga idea de nada. A menos, claro, que se lo pase a porcentual. O bien querer moverse sobre apreciación de movimientos bursátiles, utilizando los «nominales» en lugar de los totales «efectivos», que son la resultante de la cantidad de papeles por el precio de cada uno. Esto todavía resultaba moneda corriente, en nuestra Bolsa también, hará algo más de 25 años.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Cuando hicimos los primeros palotes en el ambiente, allá por inicios de los '70, todavía en el «viejo recinto» se daban a conocer los nominales del día. Y sobre eso, los medios de información daban sus opiniones y los operadores extraían conclusiones. Después de cierta insistencia, de la que participamos, se comenzaron a dar los totales en pesos efectivos. Pero recién al otro día. En fin, eran épocas de las pizarras llenadas con pura «tiza», la ausencia de tecnología hacía los recuentos muy lentos y fastidiosos... Lo de ahora, con estadísticas pretendiendo crear la imagen de «país creciendo» y tirando números desde una escalera hacia un pozo ciego, no tiene más excusa que pasarlos como producto de la fantasía. Tan sencillo como asegurar que si algo da menos que en enero de 2001, mejor echarle llave y a otra cosa. En tanto, en la pasada semana, nuestro ingenioso ministro estrella pateó el tablero con los banqueros. ¿Y cómo termina el asunto? Pasando todo para después de abril. Pero la dinámica es mucha y parece que con los petroleros sale la palabreja de moda -«compensación»- que nos sigue hipotecando el futuro y, después de abril, se verá si el barril sigue trepando. Hay tiempo para más, como para casi insinuar que el pedido de reconocer la inflación en los balances sea una suerte de operativo de prensa, con los empresarios que se quejan. Nunca se explicará cuál es el argumento sólido para no reconocerla y quedarse con impuesto de ganancias irreales. Salvo que necesitan siempre más dinero. Y lo confiscan. Ahora, la redolarización es el nuevo enigma: ¿cómo salir de esto? Seguramente, «compensando». (Eso sí... para después de abril). Argentylandia. Informate más
Dejá tu comentario