23 de mayo 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Se puso ardua la cuestión, mientras el flamante Presidente insiste en ponerse de punta contra esas figuras difusas que suelen invocarse y que presupone «las corporaciones», «los grupos financieros», «los interesados en perjudicarme...», sólo falta mencionar la popular «mano negra».

Por las dudas, que las entidades del sistema le acerquen el actual estado de cosas en el circuito, o algún trasnochado propondrá el viejo simbolismo de penar al capitalismo que pulula por la Bolsa.

Si algo no se ve, desde hace bastante, es un «capitalista» queriendo saber algo con lo bursátil, a no ser para darse alguna pasada rasante. Sin embargo, más de una organización sigue apelando al fetichismo de armar concentraciones delante de la Bolsa de Comercio y presuponiendo que: «allí está la plata del país».

Si prosigue por ese curso, no parece el más indicado en momentos de tanta endeblez. Y cuando le están colocando la lupa desde afuera, para ver cómo encamina sus pasos por los compromisos que siguen en suspenso. Nos viene a la memoria las patoteadas de Cavallo, apenas estrenados los «superpoderes», y cuando no dejaba «yuppie» con cabeza y de allí hacia arriba, hasta acusar a todos que no sabían nada: y que la verdad la tenía él. Sabemos que después encaró su cruzada económica, hasta liquidar prolijamente al gobierno que lo había convocado como si fuera el último inmortal.

La Bolsa está a estas alturas, el martes miraba de al lado al viejo piso de los «600» puntos nuevamente, puesta entre dos fuegos: el que está proviniendo de los mercados globales, en una guerra de recesiones, y el que enfrenta con una nebulosa acerca de qué sucederá con el escaso capital que todavía circula por la Nación.


Y lo vino reflejando en ruedas sucesivas, que empezaron por un «lunes negro» general, y un «martes negro» particular. Sin poder estabilizar el aparato, rateando el motor, buscando algún terreno libre para aterrizar de emergencia. Y el volumen no se encoge debidamente, demostrando en ese indicador que ha prendido cierto brote de inquietud, ante la política que se lleve adelante. Está el año en un alambre, conservar la vertical como se pueda y rogar, para que lo que venga no resulte algún gastado recitado, que destruya lo poco que queda del sistema financiero y bursátil.


Todavía hay que esperar a que el nuevo gabinete se instale y que aparezcan las verdaderas carpetas, con la realidad cruda. Según el Presidente, «a Lavagna lo va a tener que reconocer la historia...», si bien la historia exigirá, para coronarlo de laureles, que se vean sus reales logros. Y se separen las condiciones que utilizó a full, no armadas por ninguna estrategia propia sino de funcionarios que se marcharon de uno en fondo, dejando instrumentos que posibilitaron la precaria estabilidad. Ya hemos descripto lo principal de ese mecanismo, pero que puede dejar de funcionar con «piloto automático», una vez instalado un gobierno emanado de las elecciones.

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