¿Se confirmará la intención de crear una especie de superestructura, que no solamente vigile al sistema bancario, sino -se decía- también a los mercados? En tal caso, qué porción le habría de tocar al circuito bursátil, actualmente bajo la órbita directa de la CNV y ésta, dependiendo de Economía? Habrá que tener cuidado con un paso de tal índole, porque se termina por crear un nuevo ramal de la burocracia que muestra la total ineficacia en el actuar y una rotunda presteza en el gastar y cargarse de puestos de favor. Cuando tanto se vuelve a remarcar una vuelta al «nacionalismo», a mover obra pública, a crear entes para tales efectos -o para ejercer vigilancia sobre los mandos naturales-, también las cuentas oficiales vuelven a los viejos lastres de disfrazar desocupación con empleo público. Que si hubo muchas decisiones malas en gobiernos anteriores, al menos no se quieran modificar las buenas. LAPA fue la primera peligrosa señal; adosada la vieja etiqueta de «tenerla por unos meses», de inmediato aparecerán pedidos concretos de expropiar fábricas desactivas, de que el Estado genere sociedades y las subsidie «por algún tiempo», con tal de evitar conflictos, presiones, reclamos y búsqueda de bajar índices desagradables. El sistema bursátil demostró su plena eficiencia y buen control, puesto a prueba como casi nunca -porque ya en el «crac» del '49 tuvo bautizo de fuego-, siendo el que respondió a todos los compromisos de sus clientes. Donde no se generaron conflictos y no se tuvieron que decretar feriados especiales, para detener avalanchas de reclamos.
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Después del epicentro del caos, cuando se permitió ir abriendo los corrales generales, el Banco de Valores fue el primero en reintegrar todos los fondos sin ningún problema. No aparecieron quiebras masivas de comisionistas, si hubo algunos casos con dificultades fueron solucionados desde el propio Mercado de Valores. Nada que colocara en primeras planas ni en objeto de manifestaciones de ahorristas al sector de lo financiero, que se mantuvo inexpugnable ante la gran crisis económica, de fondos, de liquidez, de falta de respuesta a los convenios, de repugnar compromisos declarándose en default. Pretender colocarle algún nuevo organismo con injerencia directa sobre el mercado resultaría a todas luces más que una injusticia: una torpeza. Viene a cuento el comentario, antes de que puedan suceder las cosas, porque nos encontramos ante un discurso nuevo (que no lo es en absoluto, pero estaba medio apolillado en los placards) y desde ese ángulo acaso puedan variar súbitamente las cuestiones -tal como habrá sido la sorpresa con la gran «purga militar» que se implementó desde antes de la asunción-, modificando segmentos que merecían rectificarse, pero quizás abarcando lo que venía funcionando bien a pesar de las malas condiciones. Inclusive, no puede entenderse demasiado que, con las atribuciones que posee la entidad madre -el Central-, no se pueda ejercer una debida vigilancia sobre los bancos y que se llegue a necesitar de otro organismo para la tarea. A menos que la política sea la de restarle poder a esa entidad, sin tener que modificar su carta orgánica, y creando un ente paralelo que la desnaturalice. No está tan claro el tema; convendría no perder de vista los próximos pasos de ciertos «iluminados». Informate más
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