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Ahora, el funcionario proyecta una tasa de crecimiento a diez años para decirnos que allí se encontrará la abundancia. No da ni para analizar siquiera dónde estará Lavagna dentro de diez años. Para la Argentina, en sus condiciones y con una parva de problemas de fondo, hablar de una década es mencionar un larguísimo plazo. Acaso en países con otro poderío, esa cantidad de años resulte sólo un mediano plazo. Pero en todo el mundo, y como se están comportando políticas, economías, situaciones sociales o bélicas, no debe ser común que se piense en diez años. Y ya que está de moda Keynes, valdría recordar su contestación cuando le preguntaron sobre cuál creía que sería la efectividad de su teoría en el largo plazo: «En el largo plazo, estaremos todos muertos»...
Con correcciones de crecimientos que están surgiendo en todas las economías, aquí también habiendo bajado el entusiasta cálculo del que se hablara hace unos meses, alguien piensa en proyectar lo que se tiene tomado con alfileres para decirnos qué sucederá si eso se sostiene en diez años. Más vale, como les decíamos a aquellos analistas del '92, tiren proyecciones a veinte años, así la sensación de la fortuna general será todavía más contundente. ¿No le parece?
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