10 de noviembre 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

Las sociedades están ya arribando a acuerdos con sus acreedores, sin que exista una política similar, como tampoco panorama de rigidez, o de ofrecimientos unilaterales. El «tómelo o déjelo», que emplea el país a través de sus funcionarios, es reemplazado por un: «siéntese y conversemos». Varias consiguieron renegociaciones que, ciertamente, se podrían juzgar de cuasi «hazañas» y en función de compromisos serios -en dólares- que poseían contra el exterior.

Pero, siempre también se demuestra que los acreedores quieren llegar a un acuerdo, están dispuestos a entender situaciones, procuran hallar la línea de corte: donde los dos ceden, pero nadie aparece en el papel de bribón y, el otro, de tonto. Y así, se van encadenando informaciones acerca de haber cerrado convenios con sus acreedores, como para poder reacomodarse y dedicarse a lo que ambos desean: que la empresa produzca, venda, eleve la utilidad, sea capaz de responder a lo comprometido. Es, siempre, la posición de negociación la que puede hacer llegar a algún puerto y propender a que el acreedor, otorgue las quitas y facilidades lógicas, tras atravesar una zona de turbulencias reales en el escenario del deudor. Si las empresas quisieran aplicar el mismo principio que le indican sus gobernantes, siguiendo el ejemplo tal como lo ofrecieron, ahora se estaría hablando de juicios en cadena, con toda la directiva dedicada a desatar la madeja, o buscar artilugios: en vez de trabajar en lo que debe y hacer lo suyo. Producir y ganar.

En nuestro medio, el marco que se brinda para que todos se pongan a ver de qué modo se pueden multiplicar los recursos, buscando distender situaciones que agobian y sobre las que hay resultados muy inciertos, es el de formar el torniquete al máximo y hacer reuniones con el empresariado buscando apoyos a una tesitura en la que casi nadie cree: cuando ese tiempo se debería estar aprovechando de modo urgente, para que el sostén de soja-petróleo no comience a debilitarse.


Trabajar en un plan homogéneo, capaz de inyectar la dinámica que sacuda la modorra que perdura. Se dice que ya los acreedores suponen que lo que se pretende con propuestas tan absurdas, es solamente intentar ganar un año más de default, a sabiendas de que esto no prosperará. Sería un burdo objetivo, sin dudas, porque el tiempo del romance tiene límites y porque aquello que nos apuntala transitoriamente, puede variar en el término de unos meses.


Mientras, las sociedades se sientan con sus acreedores y procuran armar esquemas que funcionen, sin avasallar al que le ha dado crédito en otros momentos y tiene la razonable pretensión de no ser estafado.


Días atrás,
Ambito Financiero dio cuenta en su tapa de una corriente de salida de capitales, que es de niveles preocupantes. Lo que debería estar apuntalando un cambio de tendencia robusto en nuestra economía, toma otro camino frente al desconcierto que se viva. Ese es un dato, por encima de todas las estadísticas que quieran fabricar un clima que nadie palpa.

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