7 de octubre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Apelar a que los italianos se coloquen en la opción de tener que decidir entre sus enormes vínculos históricos con nuestro país o la posición de sus bonistas no resulta una estrategia; eso se llama bajeza. A tal punto hemos llegado y bajo el slogan de recuperar la dignidad, cuando -justamente- a la dignidad la rematamos hecha jirones. Deberían darse una vuelta por las bibliotecas estos funcionarios actuales, repasar qué tipo de apelaciones realizaban mandatarios de otras épocas y que también debían capear default, situaciones extremas, peligros no solamente de disturbios sociales, sino de un país que podía partirse en mil pedazos.

Intentar forzar situaciones, hasta llegar a lamentables golpes bajos -inadmisibles-, parece resultar el estilo que se ha instalado y no se suaviza, sino que se acentúa sin remedio. No hace el tema a lo bursátil, pero forma parte del escenario donde este movimiento desatado en la Bolsa procura sobrevivir, a pesar de...

Y que el lunes nos mostró otra de las facetas, abriendo la semana colocando un rebaje de marcha en el ritmo y con un esquema que salió igualmente positivo, debido a que nuevamente la oferta se adaptó al encogimiento de demanda, permitiendo sobresalir un leve incremento en el nuevo Merval. Semana que puede prestarse a otro juego, en una lucha de ambiciones opuestas entre las fuerzas del mercado, que han convenido -en primera instancia- en disputar en un caudal inferior. Las ruedas siguientes debían decidir si esa primera armonía en el achique habría de sostenerse. Pero, por de pronto, pareció surgir algún pozo de aire -llámese dudas- de parte de los compradores. Acaso, dudas por el nivel que han tomado los activos; acaso, dudas porque aquello que se suponía resuelto fácilmente no toma color de serlo. Y la oferta es quién debe ahora dar barajas, permitiendo que el mercado no se atosigue en la salida y existan heridos por ser mucho más estrecha la puerta.

La otra posibilidad es que se haya producido un cambio de aire, después del esfuerzo continuado, reapareciendo el volumen importante para que el ritmo se sostenga. Una semana que podría signar el curso de octubre, tanto para apuntalar el piso hecho en setiembre, como para mellarlo. Es lo que distingue a la Bolsa de todas las inversiones: sus mil facetas y composiciones de figuras ortodoxas o sumamente extrañas la hacen tan resbaladiza. Encontrar un ritmo parejo, en marcas que aseguren la liquidez a esta altura de precios, es el ideal que parece difícil de encontrar. No es posible imaginar un volumen que se amplíe rueda tras rueda, pero los frenazos en seco son peligrosos en extremo. Esa suba de lunes, con volumen en fuerte retroceso, quebró la armonía entre indicadores. Uno no avaló al otro. Y esto deberá pasarse en limpio.

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