8 de octubre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

El uso discrecional, arbitrario, feudal, que pretende el área del Ejecutivo sobre enormes sumas del Presupuesto constituye una realidad conocida desde casi siempre en nuestro país: el que gana una elección se convierte mucho más en amo que en gobernante. Se hace, se deshace, se organizan «patriadas» personalistas; y el que gane otra elección, echará culpas al que se fue. Para realizar igual -si tenemos suerte-, o corregido y aumentado, lo que hiciera el supuesto culpable del estado de cosas. Es un permanente viaje redondo, que nos lleva siempre al mismo fastidioso punto de partida. Es un permanente revivir lo pasado, empleando distintos estilos y discursos, pero con las mismas prácticas en el ejercicio del poder. Y, también, casi siempre se demuestra que el que gana, gobierna. Y los demás poderes en que se divide el sistema miran, asienten mansamente y cobran sus dietas. Pero lo que más llama al espanto es que no exista más efervescencia que en algunos ladridos aislados de la oposición, de los enemigos electorales futuros, mientras que el grueso de la sociedad pensante asiste a tal tipo de noticias: como si oyera llover. Nuestra Bolsa es capaz de bajar si es que corren voces sobre complicación con los bonistas (el martes). Pero de ninguna manera se habrá de resentir si -el mismo díaaparecen comentarios sobre la intención fehaciente de apoderarse algunos funcionarios de sumas fastuosas, para utilización incierta. Y, también, retorna la figura aquella sobre si no es verdad que nos merecemos lo que nos ocurrió, nos ocurre... y nos seguirá ocurriendo.

Querer aprobar un presupuesto nacional determinado, para después lograr que se liberan las partidas de miles de millones para el uso propio, en el pequeño feudo, es una noticia que -cuanto menos debería preocupar hondamente. Pero no se nota tal preocupación. Con lo cual, todo tipo de asunto por el estilo termina por prosperar, después de ciertos simulacros de discusiones parlamentarias. Este señor es el que gobierna ahora: que haga lo que le venga en gana.Y tal señor no tiene un nombre fijo, es el que gobierna en cada momento de la historia. Todo en estos días, en el ambiente de la City, atraviesa por el tema de los bonos y los bonistas. Cuando, observándolo sensatamente, es mucho más peligroso el avasallamiento doméstico de los dineros públicos, que lidiar contra los de afuera. Porque, saliendo triunfantes o escaldados, ya se fija que la política local resultará de tal tenor. Insinuando objetivos vagos, dejando traslucir que en un año electoral parte de los fondos irán en tal meta.

Ya puede afirmarse que a la tendencia no habrá de perjudicarla nada de lo que se instrumente adentro, hay zona liberada para hacer lo que se quiera. Con lo cual el dilema único es ver qué pasa con los de afuera.

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