Se fue reacomodando el mercado en el curso de la pasada semana, mientras son muchos los que aguardan que el partido con los bonistas se dé por finalizado, ingresar en la cancha bursátil y... festejar. Es indudable que el propio presidente de la Nación -Néstor Kirchner- le dio más aliento a tal espera, cuando deslizó el pronóstico de que tal nudo sea desatado en poco tiempo. Sin embargo, conocidas las declaraciones antes de la rueda del miércoles, no se desbocó, ni desbordó de entusiasmo el ambiente; aunque, posiblemente, haya servido para conjurar otra rueda de drásticas apariciones de ventas, como el martes, y haya estado allí el dividendo extraído por la plaza de las profecías presidenciales. Lo cierto es que se hizo muy elástico el caudal de liquidez de órdenes, conviviendo fechas de cerca de $ 80 millones, entre otras donde sólo se superaron los $ 50 millones de efectivo para acciones. Tal elasticidad incorporó un elemento delicado: y es que exige que las fuerzas sepan también ajustarse a tal elasticidad, en los tiempos requeridos. Especialmente la oferta debe saber graduar muy bien sus impulsos, para no desbordar demasiado en días en los que la demanda se ralea. En un mercado que toma un ritmo más parejo, que es capaz de ser confiable en cifras de negocios, el trámite se hace más natural, y las entradas y salidas cuentan con plena lubricación anticipada. Pero no es demasiado sencillo solicitar armonías, cuando todo se está instalando sobre la base de expectativas y esperanzas. Por instantes, en ciertos pasajes de las ruedas, cualquier noticia o comentario que se interprete buscándole la entrelínea es capaz de desestabilizar a una de las fuerzas. Porque continuamente se está sobre el tema del momento, llegan declaraciones desde todos los sectores, de aquí y del exterior, ayudando a que crezcan nervios. De todas formas, y siempre utilizando una hipótesis de mínima -que aquello que se espera de un modo no salga tan redondo, o se dilate-, es más sensato que el mercado adopte un ritmo de media marcha. Que sea siempre apto para no cerrar las bocas de ingresos y egresos, pero que no asuma compromisos de apuntalar alzas agregando siempre más fuego a los montos. Simplemente, porque si un cuerpo debe ser, por equis circunstancia, es mejor que lo haga desde un piso bajo, que desde uno alto. Igual, si las cosas que pintan se desenvuelven como el propio mercado lo ha ido queriendo descontar; siempre habrá tiempo y lugar para producir aceleración del movimiento, con cortes más firmes. No deja nunca de ser interesante el desarrollo de estos días, en dilatación o arrugue, y los intercambios se generan de modo permanente en la toma de utilidad o cambio de posiciones. Es un mercado que divierte.
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