Sepámoslo bien, no lo olvidemos: el Estado y sus problemas procura cada vez más sacar con los codos a los que quieran participar de fondos -como de las AFJP- y no puede extrañar que, si las dificultades resurgen, veamos todo un sistema « privado» de jubilaciones empapelado íntegramente con nuevos títulos de deuda. Cada vez la marca de las porciones, para cada tipo de activos, se corre más lejos y siempre se le apunta a los indefensos fondos de quienes aportan mensualmente, con su trabajo, para «enchufarles» (utilizando un término popular de la verba bursátil) papeluchos que nadie habrá de querer en el mundo de los seres racionales. Quizá, puedan colocarles a los que integran el otro mundo, de los que todavía parecen quedar unos cuantos y que dan por sentado que los papeluchos posdefault, resultan una raza muy distinta, a la que se habrá de honrar oportunamente. El futuro nos dirá si esto es así, pero viéndolo desde el presente: a nadie pueden convencer las garantías, de quienes se han especializado en voltear cualquier tipo de compromiso soberano.
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Con lo dicho al inicio, de lo que se están viendo los primeros movimientos, para que en el estómago de los Fondos de Pensión entren más títulos de deuda locales, lo que habrá de ocurrir es que esos cuerpos, sumergidos en la liquidez de los Fondos, desplazarán igual cantidad de otros cuerpos (léase, acciones) y recreando los principios de Arquímedes. Con lo cual, la cartera de lo institucional no tiene chances de crecer para los papeles privados. Y la chance mayor: es que puedan ir en retroceso.
Así, nuestro mercado de Bolsa verdadera, de acciones, deberá abastecerse con lo que pueda. Y puede complicarse, al necesitarse cada vez mayor sustento, para aguantar una suba sostenida de los índices. Con el capital de apuesta rápida, no se llegará más lejos que cuando suene la alarma y salgan todos juntos a querer tomar lo suyo. Sin capital de inversión de largo plazo -especie extinguida hace mucho tiempo en nuestro mercado-, al menos, debería poder conformarse una segunda línea. La del mediano plazo. Aquella donde las carteras arman posiciones, esperando que un ciclo se cumpla en buena parte. Los capitales de las AFJP están dentro de esa clase, más algunos capitales fuertes que se dispongan a jugar ciertas fichas aquí -buscando la pimientay que se olviden de ellas por un tiempo. Lo demás será jugar al entrar y salir, preguntando: «¿lobo está?». Y al menor atisbo de su presencia, se producirá la estampida clásica. Nada se puede aguardar de estos funcionarios que, como los de antes, y los de más antes: solamente podrán dañar al sistema accionario, sin propender a ningún estímulo o que lo aliente y lo consolide.
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