8 de noviembre 2004 - 00:00

Cupones Bursátiles

Ahora la palabra mágica que surca el aire es China. Hemos descubierto -al parecer-que surgió un nuevo Mecenas sobre la Tierra y que, con tal mecenazgo, nuestros problemas están solucionados. ¿Es posible suponer que los chinos sean tan benevolentes? Las pruebas que ha dado últimamente, acerca de cuán rápidamente ha asimilado las «chicanas» comerciales de occidente, más su natural -y sensato-instinto de preservación y desconfianza no coinciden con la visión de ser tan generosos. Y, menos, con un país que como ellos también saben bien, se encuentra actualmente entre los menos confiables del ranking del mundo. Pero es la nueva palabra que reemplaza a tantas otras milagoras en cada época de nuestra historia.

Los chinos vienen a invertir de tres a cuatro mil millones de dólares, reza una versión. Más todavía, los chinos facilitarían el capital para saldar con el Fondo Monetario y les pagamos en cómodas cuotas...

Hmmmmm... en todo esto hay color a «cuento chino», más que aquello que puedan querer poner: en lo que quieren llevarse a cambio. Pero el tema es que se instaló tan exótica especie nueva, inclusive para superponerse ahora al ajetreado asunto de los bonistas (quizá, porque esto ya aburre, a propios y extraños).

En el ambiente bursátil se usa la posibilidad de que aparezca «la gran noticia» --aparentemente, ligada a los chinos-mientras se va adelgazando el seguro triunfalismo del arreglo por la deuda. Algo se precisa para sostener viva la llama, que ya viene alumbrando a la tendencia desde dos meses largos, y sin que se tenga el combustible asegurado para seguir alimentando la mecha.

Noviembre se movió en búsqueda de quebrar velozmente los 1.300 puntos del índice, pero encontró cierta resistencia: podría decirse que más de la demanda -más pensativa, en cuanto a proseguir alentando la caldera-que de una oferta, que se sabe mantener dentro del marco que le proponen. Seguir quemando vela sin esperar alguna realidad, exige una audacia mayor a los que encarecen el promedio o recién se incorporan en la rueda. No todos los potenciales compradores asumen el ver trepar la curva del riesgo, si es que la de la rentabilidad no sostiene su ritmo. Pero, volver a ganar mucho -sobre lo mucho ganado en un bimestre-es una exigencia no demasiado sencilla de cumplir. Más allá que lo ganado, lo pasado, el precio al que se accedió, se suele creer como
algo adquirido, puede convenirse en que el mercado opaco, abandonado, en un valle, ha quedado atrás con los repuntes formidables que se vieron desde setiembre. El caso es que se ven ciertos recambios violentos de posiciones, señal de cierta «madurez» que algunos papeles líderes, y como que se mantiene la expectativa: graduando un poco más el paso.

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