Esperar por la última rueda, para ver si algo variaba, fue solamente digerirse un «replay» del jueves y donde el fastidio envolvió los desarrollos. Nada por aquí, nada por allá, las líderes marcando una mitad por mitad, con caídas o subas entre uno y dos por ciento. Repitiendo el caudal negociado, ya tronchado a la mitad de las buenas ruedas, ese vacío que dejó la demanda fue el fiel testigo de una etapa desdibujada. Lo más notorio es el intento por querer despegar hacia un rebote de algún nivel, y la desaparición del mismo en cuanto las ventas se hacen presentes con cierta intensidad. Después, la falta de fondo, con los vendedores replegando sus ansiedades antes de producir impactos mayúsculos. Como tratando de salir de la «burbuja» dialéctica creada hacia la inversión asiática, después culminada con «cláusulas secretas» (que no se sabe por qué deben ser tales, negadas a la opinión general) y yendo hacia la colisión con los bonistas, nuestro mercado no quedó ni « flojo», ni «pesado», ni «estable». Quedó: «absorto», expresión que no figura entre las definiciones ortodoxas para calificar las ruedas, pero que se ajusta mucho más a la realidad vivida. Absorto, observando, flotando la demanda sin saber qué hacer, con vendedores que deben cerrar las manos antes de desequilibrar demasiado. Los rebotes se perfilaron, pero no tenían nada atrás. Y así, se fueron las últimas ruedas, marcando Merval hacia arriba, cerrando cerca de los mínimos, o de los previos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Cortar suministros a la mitad, o menos, de las ruedas se amplia liquidez: es demasiado para cualquiera. Se produce un estrujar de fuselaje, como para que el índice lo sufra sobremanera. Sin embargo, privó la sensatez y carteras que entendieron que se podía ahondar hasta un límite. De allí apareció una semana con marcador neutral, lo que debe ponderarse como una victoria. Y se ganó tiempo, si es que pueden aparecer los desaparecidos tomadores a estos precios. Tiempo es un factor clave, entretener la tónica y aguardar por algún argumento que sirva de palanca. Una marca de 1.254, del viernes, coloca a la plaza casi en la mitad de acceder a un escalón superior, o bajar al inmediato. Es un punto intermedio, casi justo, incapaz de definir hacia qué rumbo puede irse y cuando los 1.300 se habían superado holgadamente, no hace mucho tiempo.Aunque el desgaste sea mínimo, al irse acumulando puede mellar el Merval y determinar que la oferta se altere en el ritmo, o que la demanda se fije un punto para retomar posiciones. ¿Dónde está ese mojón? ¿Se persistirá en vivir la meseta? ¿Se pensará que la plaza se encuentra bien valuada donde está, o en los alrededores? En tal caso, el aburrimiento puede ser menú de las ruedas, pero surgido imprevistamente cuando se está en la zona de remate del ejercicio. Sobra esperanza, falta dinero, la una sostuvo al otro...