31 de diciembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Nadie puede dudar de que el mercado le fue dando marco apropiado a un evento que -no deja de ser una distinción- tendrá como epicentro a la propia Bolsa de Comercio: cuando la presentación formal del canje de deuda se concrete en su ámbito. Al menos, un modo de decir que las autoridades se acuerdan de que existe una Bolsa en el país y que ella está destinada a hacer fluir los capitales y cotizar hechos e intenciones.

Aferrada tal vez a ese solo hecho, la tendencia se recompuso de algunas zonas que proyectaban sombras largas, unas veces con fuerte presencia de demanda, otras desafiando a las leyes naturales que correlacionan negocios en alza, dando respaldo al índice que aumenta. Con oferta que también brindó su apoyo decisivo, porque en las últimas ruedas de órdenes tomadoras en retirada, los vendedores dieron dos pasos más atrás, permitiendo que lo poco hiciera mucho más eco que el imaginable. Como con una meta, un objetivo que rara vez se puede encontrar, las fuerzas que son obligadamente de choque, de confrontación, de contrapartida, estuvieron arriba del mismo carro, como que todos querían que el Merval concluyera el año en 1.400 puntos y que esto se viera como una suerte de respaldo, a lo que iría a presentarse a mediados de enero en la nave del viejo recinto.
 
Por momentos pudo temerse, con razones, que en el año del «sesquicentenario» de la Bolsa de Comercio, el ejercicio resultare decididamente opaco en sus instancias finales. Acaso la segunda quincena de diciembre sacó a flote la imagen global de dos meses finales donde se vivió de tropiezos y giros inesperados. Donde el volumen parecía agotarse y como quedándose corto, después de un bimestre donde estuvo el «jamón del medio». Ese arresto final, con más entusiasmo que pesos, acompañando el sainete de la aprobación del canje, resultó así como toda una ofrenda del ambiente bursátil a un país que procura reincorporarse de graves lesiones. Sin embargo, como esencia de 2004 nos quedamos con lo que nos parece excluyente: se cumplieron los 150 años de la fundación de nuestra Bolsa de Comercio.

Y encuentra al sistema haciendo equilibrios, aislado del calor popular, falto de penetración en el ahorrista común y sintetizado a las carteras institucionales y algunas otras individuales, pero poderosas.


Y ya que estamos, bueno sería inyectar en las autoridades -que dicen querer reverdecer bases nacionales- la necesidad de estudiar un proyecto que devuelve a lo bursátil su protagonismo dentro del mercado de capitales: no para ser inversión, o entretenimiento de una comunidad reducida, sino para ser receptor de dineros -y sueños- de la mayoría.
casi una utopía.

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