Bastante lánguido -no flojo, mucho menos, sostenido- el final del año bursátil. Cuesta imaginar que los operadores no hayan querido abrochar el muy buen desempeño de diciembre, fijando un redondo 1.400 en el índice. Lo tuvieron, en un intradiario, era como si le perdonaran la vida y jugueteando con la marca para ubicarla en el último suspiro operativo, de la última rueda del año. Y no pasó nada, se desvaneció como en un suspiro, la orden ganadora nunca llegaría y -a cambio- hasta se tuvo que cerrar con una minirrueda bajista. Que diciembre no se merecía, aunque tal vez fue una muestra de lo mismo que resultó todo el año: sorpresas al por mayor, valles, picos y quebradas, una tendencia en ritmo de chacarera. Esta primera semana nos podrá ir dando algunas señales sobre qué esperar del nuevo ejercicio, en sus principios tan sólo. Si la expectativa se hará orden de compra, o si la languidez resulta el estado monocorde de bajos volúmenes y jueguitos cortos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Diciembre dio mucho más de lo aguardable (si es que el pasado tiene algún peso para extraer conclusiones a futuro), si a alguien se le ocurre pedirle algo más: sería un ingrato. Es nuestra finalización, al menos en lo teórico, de la temporada alta para ingresar al lapso del estío. Aunque en nuestro medio no creemos que se deban matar los administradores de carteras, por los «bonus» gratificantes que se dispersan en los grandes centros del mundo, es un hecho que han podido mostrar regias diferencias para sus empleadores. Y los que supieron dejar pasar el valle de noviembre, para retomar en la última etapa, hasta merecerían ese «bonus» gratificante. Y más que ir en busca de un pronóstico para publicar como nota de color, interesante sería que expliquen con la estrategia que ingresan al nuevo ejercicio y teniendo por delante ciertas definiciones cruciales. No puede ignorarse que nuestra plaza depende de algunas manos con poder de realización, con volumen, que serán cuatro a cinco nombres los que pueden desnivelar en forma a la tendencia, hacia cualquiera de sus lados. Claro que el operador experimentando nunca contará lo suyo abiertamente: porque la mejor estrategia del mundo se diluye, en la medida que muchos la apliquen. Solamente queda por indagar rueda por rueda, cuáles son los toques precisos y sobre qué papeles se actúa con montos y cambios sugestivos. Hay que ensayar la búsqueda de «el rastro», las huellas que puedan aparecer marcadas -en compra y en venta- y saber en qué fase del ciclo se encuentra la tendencia en enero. No puede ignorarse que esos 1.400 puntos conseguidos no contaron con el aval adecuado para semejante escalada. Lo primero puede ser tratar de agregarles cemento a los pisos, consolidar la altura de los precios y no dejarlos en flotación. No sería una mala elección, mientras se espera «lo otro».
Dejá tu comentario