29 de marzo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Tan sencillo como los de naipes, son capaces de derrumbarse los «castillos de bonos» emitidos por un país que viene de ser fallido y que -presumiblemente- ha gastado todo lo que poseía en materia de confiabilidad. Una de las secuelas de haber organizado tan «exitoso» mecanismo de canje es lo que nos queda hacia adelante; aunque dentro de la misma elite gobernante actual, no debería descartarse nada. Ni siquiera la posibilidad, si la situación apremia por cualquier flanco, de volver a renunciar a los compromisos. Quedará ahora en manos de quienes tomaron el nuevo riesgo argentino correr con la suerte que les toque.

No conviene suponer, para el inversor, que todo ha sido una simple vuelta de página y que lo que ya sucedió no puede volver a suceder. Sería una temeridad caer en tal creencia, tanto como haber supuesto que los nuevos bonos gozarían de una resistencia muy superior a los desechados. No pasó mucho, apenas días, para encontrar los primeros tropiezos y ya se vinieron en derrape, aunque con un culpable a la vista: esta vez... la suba de tasas. Y la tasa es lo exterior, mientras existe un frente de tormenta con la dura pugna por el reacomodamiento salarial que se expande por la economía. Sin saber bien a qué cuestión atender primero, o cuál puede resultar el aspecto más peligroso para nuestra fragilidad de estructura política, social y económica, se debe ser empresario o inversor jugando a las adivinanzas. Aprendimos, hace bastante, que siempre conviene estimar la hipótesis de mínima, cuando se trata con gente poco confiable. La historia plagada de sinsabores y de golpes de timón en cuanto a la dirección que seguimos como Nación solamente ha servido para abonar tal premisa.

Y tampoco es conveniente optar por el optimismo sin fundamentos sólidos, hasta que solamente se transforme en un fanatismo por redoblar el esfuerzo, cuando se ha olvidado el fin. Baste echar mirada en derredor, para advertir que las condiciones están cambiando y saliendo de ese punto favorable que acompañó, justamente, hasta lograr la integración alta del canje. Pero viendo que no se consigue amalgamar un camino de cohesión, que es imprescindible para que se pueda ver un país que torna a ser más razonable y a ganar algún presagio lentamente, la actitud tiene que ser muy prudente. Entre la zona del 1.600 y menos de 1.400 del Merval, bastante se horadó el mercado y devuelve una imagen poco apetecible, de aquello que la Bolsa refleja en su cristal. Mucho ya para «toma de utilidad», tanto como para ser capaz de perder un trimestre en solamente unas cuantas ruedas. Y el temor se sintió palpable, en varios de esos días cuando los indicadores decrecían. La Bolsa cotiza la preocupación que se ha instalado y con el mercado no se discute, solamente se toma nota de lo que dice.


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