23 de mayo 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Dejando de lado los insólitos cruces mediáticos entre los principales poderes de la Nación, lo que sigue sumiendo en el desconcierto a todo ser racional que observe el escenario, dio también para meditar la medición acerca de la evolución industrial hasta abril. Y en este tema, ya no se sabe tampoco qué es lo más deseable. Comenzando por la doble lectura de lo puntual y lo extendido, donde cada uno puede ver en esto una conclusión disímil. Porque respecto del año anterior, el sector global creció más de 10%. Pero en relación con el mes inmediato anterior, se produjo un descenso de 0,4%. Y hay que ver que marzo resultaba todavía zona estacional de coletazo veraniego, ingresando en abril a una fase más a pleno para casi todas las actividades. En relación con la capacidad instalada, se analizó que roza 71% y solamente 2,5% de mejora respecto de un año atrás. En relación con marzo, también aquí se dio un leve retroceder de la utilización fabril, con 0,2%.
En la nota de
Ambito Financiero al respecto se destacaba que siete sectores están trabajando por encima del promedio dado para toda la industria. Y mencionaba que «esta situación es la que lleva a que los analistas especulen con que las presiones inflacionarias continuarán a lo largo del semestre, ante la reducción sostenida de la capacidad potencial de la producción».
Da para preguntarse: ¿qué es lo deseable? ¿Que prosiga cubriéndose esa capacidad instalada? ¿O bien que se produzca una detención de la misma? En un caso, afectando la prosecución del crecimiento. En el otro, acaso irritando todavía más la venta inflacionaria. La reiteración del noble caballero con una espada clavada que se lamentaba con: «Si me la dejan me mata, si me la quitan me muero».

Parece una zona del año con racimo de cuestiones a las que habría que tratar con suma serenidad. La que no baja desde las altas esferas, siempre complicándose el ámbito presidencial con irrupciones dialécticas que imponen de un ataque personalista, por encima de la investidura. Como si siempre reaccionara Néstor Kirchner como simple ciudadano, antes que como presidente de la Nación. Y es cierto que uno puede verse reflejado, como argentino promedio, en alguno de sus impulsos. El problema es que sólo uno de nosotros es el presidente, al que se le puede solicitar más reflexión que cuando lanza su confrontación con otro de los poderes -la Justicia- o cuando derriba todo tipo de disquisición económica dejando prevalecer «mi propia receta».
Un simple observador, o inversor, diría frente a los datos del relevamiento industrial que nos encontramos ante una foto estática -casi de marzo-, como si los empresarios estuvieran congelados en sus asientos esperando por una Argentina más confiable. Las sociedades se ven igual hacia adelante: mala señal.

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