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¿Inmovilizar parte de lo invertido, 30%, en el reino de la volatilidad y de las medidas insólitas? ¿Queda con exposición el riesgo multiplicado, en un país donde los marcos legales se borran, o cambian, de un plumazo? Si no estuviéramos en el día por día, de lo que hay que ver en nuestro escenario, casi podría darse por simple chanza de alguna mente febril. Pero no, aquí todo ya es posible: como espantar capital, antes que atraerlos. Y siempre nos da la misma sensación: se ocupan de la Bolsa como si se tratara de un mercado fortalecido, pleno en inversiones, radiante en sumas. En realidad, solamente es el recalcitrante ataque a los símbolos que puedan ligarse a ese «maldito capitalismo». En año electoral, parece servir para crear la imagen de defender los intereses nacionales, aplicando procedimientos nocivos para los sistemas que -al revés- deben intentar recrearse, si es que se quiere contar con un mercado de capitales.
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