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Jorge Vasconcelos insistió en que "el mercado interno sigue en una dinámica planchada"
Es que todo parece tener que decirse de modo eufórico, dentro de un estilo que empezó por las expresiones ofuscadas de políticos y gobernantes, pero que ahora va impregnando todo el escenario. Los personajes están decididos a acuñar frases -como para un supuesto bronce- que resulten grandes titulares en los medios. La mayor parte de ellas, es cierto, posteriormente se pierden en la memoria colectiva. Pero, siempre alguna queda como un sello que le colocan al autor y que habrá de perseguirlo de por vida... y más allá. En la Bolsa, quien no ha escuchado expresiones terminales -en las dos direcciones- tanto de los que creen que volumen y precios pueden subir sus ramas hasta el cielo. O bien, quienes suponen que las depresiones no habrán de terminar jamás. Pero, en todo caso son errores sólo anecdóticos, comparados con los que tienen la misión de transmitir mensajes a toda la población.
La sensación de ser infalibles, de sentirse como los «iluminados», parece que debe ser parte del clima que se vive en las grandes alturas. Una suerte de seductor narcótico, que va embriagando de soberbia a los que olvidan que solamente detentan el poder -es decir, lo tienen prestado por algún tiempo- y suponen que lo suyo, posee la extensión hereditaria de las monarquías. No daba Lavagna la imagen, la personalidad, de quien podría caer en tales modos de dejar mensajes terminantes, inapelables. Si va mal, inexcusables.




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