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30 de septiembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

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Y es para insistir, nos resulta mucho más llamativo el grado de elasticidad de la oferta y que parece siempre estar con el dedo en el gatillo para arrojar cantidad, según se ubique el tironeo de la demanda. Si esto sucediera en la economía, un ejercicio muy apacible estarían atravesando los funcionarios del ministerio. Porque en cada ocasión que un producto elevara su poder demandante -por caso, los alimentos- la oferta contestaría en iguales términos. En resultado daría lo mismo que está sucediendo en las acciones: movimientos solamente muy leves en las cotizaciones. Obsérvese que, de viernes a martes (última rueda que conocemos, al momento de redactar nuestra columna de hoy) se atravesó por distintos escalones de volumen y hasta casi duplicar el tercero, al primero. Pero, el Merval se mantuvo como impermeable a esa velocidad del viento de los negocios. Se encoja, o se dilate, la demanda de posiciones: los vendedores responden en una proporción que le pidan. Si el mercado se arruga, no lo hieren en absoluto y se alivianan en los pasajes más difíciles. Si, en cambio, surgen compradores entonados, les van dando las cantidades que soliciten: sin permitir al índice marcarse con algún porcentaje, afín al cambio de marcha de las órdenes.
 

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