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Mientras tanto, Lavagna acaba de denunciar «sobrecostos» en las obras públicas. Y mereció primeras planas un tema que sólo se sacó del arcón de las cosas consabidas. Claro, el ministro nada dice acerca de qué tipo de mecanismo es el que lleva a tales sobrecostos. Y a cuántas sociedades ha hecho quebrar, o casi, un Estado que siempre decide pagar insumos y obras cuando le viene en gana. Y en las especies que elige. El terrible costo financiero que implica el tránsito entre venderle y cobrarle al sector público, ha sido en buena medida responsable de un anticuerpo de los privados: cotizar más de lo debido, con tal de ponerse a cubierto. Pero, dentro de lo que es la «política económica» de las actuales autoridades, los funcionarios tienen derecho a avasallar al sector privado, cambiar reglas, hacer estallar convenios, y esto predispone todavía más a cubrirse. Porque puede aparecer cualquier especie ingeniosa, en forma de título, para abonar lo que el Estado compró a sus proveedores. Mejor que lancen ideas novedosas, con tal de entretener a la opinión pública.