16 de febrero 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Febrero nos sigue mostrando las uñas y por varios pasajes asume su rol de ser «el depredador» de las ganancias de enero. Lo anticipaba la secuencia estadística de los últimos quince años, que el segundo round del ejercicio suele mostrar luchas más parejas entre los «toros» y los «osos», buscando los segundos -como en las peleas reales, que dieron origen a la aplicación de los nombres- esperar al toro y quebrarle el pescuezo. Conviene, además, recordar siempre que en aquellas estadísticas de luchas reales que solían organizar los colonos en Estados Unidos, la mayor de las veces... se imponía el oso.

Obviamente, lo estadístico es casi un adorno para lo que significa una evaluación de mercado, aunque posee la utilidad de tratar de hallarle la explicación racional a lo que trae consigo cada mes del calendario. Lo que salta a la vista es que los eneros, en el mismo trayecto, han sido fuertemente positivos y por demolición sobre los años en que dieron bajas. Ergo, los «descremes» que se producen en febrero solamente pueden ser eludidos si es que se trata de una zona muy especial y con el mercado amaneciendo en un ciclo de notable tendencia alcista. Pero para esto deben estar presentes las condiciones. Si se trata de ejercicios dentro de la normalidad, evitar las depuraciones de febrero se hace bastante imposible.


Y es que en febrero, echando una mirada hacia adentro y oteando también el horizonte, todo parece haber entrado en cierta ebullición para los mercados de riesgo. Desde las fuertes inquietudes por nuevos focos bélicos, o por no saberse todavía qué talle calza el nuevo titular de la Fed, en los
mercados piloto los altibajos están a la vuelta de cada esquina.

Y puertas adentro hubo ciertos sucesos complicados -como Santa Cruz- y un tema que se enmadeja cada vez más con la controversia por las papeleras. Un rubro que parece convertirse en epidemia en la región: desde el asunto con Uruguay hasta los emprendimientos brasileños que poca difusión poseían. Son discusiones para seguir de cerca, con temor, porque cuando los gobernantes se ven impulsados por sus respectivas ciudadanías y se mezclan pasiones e intereses, lo que empieza como una llama puede terminar en una hoguera. No es tema menor que en la región asistamos a malos humores conjuntos. Desde el punto de vista de los mercados, se corre el riesgo de ahuyentar capital si éste advierte que hay mucho fuego en ciernes.


Los que opinan profesionalmente corren detrás de los barquinazos del Merval buscando justificaciones «de confección», a falta de alguna que caiga a medida. Lo más correcto es tomar la realidad de un mes donde el ambiente es muy distinto del de enero, muy sensible a tropezar cada dos pasos. Es simple.

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