«Pierdo un siete..., me queda un ocho, no está mal para un mes y medio de inversión.» Y, menos, cuando se ve la ridiculez de lo que se ofrece por una colocación anual en dólares. Cuentas sencillas, de cualquier poseedor de acciones, que está viendo de qué modo febrero le estaba podando cerca de 7% en el Merval, pero al que le quedaba todavía una buena diferencia desde el fin de año anterior.
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El gran negocio saltaba solo: haber liquidado la posición en los finales de enero y esperar para la recompra, que bien podía haberse iniciado ya. La brecha de uno y otro nivel del índice se hizo lo suficientemente amplia como para pasar por la puerta «vaivén» y quemar vela a dos puntas. Que es lo que pocos suelen realizar en nuestro tipo de mercado, y de idiosincrasia, con mentes preparadas para pensar en comprar barato y vender caro, pero que le escapan al vender caro y recomprar barato.
En síntesis, es un esquema reversible y que permite ganar en cualquier situación de la tendencia, pero que seguramente no cuenta con demasiados adherentes en nuestro escenario. Que, además, resulta de los más propicios para especializarse en las dos ramas, porque sus variantes y cambios de dirección están siempre esperando cualquier recodo del camino.
No está mal el compendio de lo caminado desde final de 2005, pero mucho mejor estaría si es que se supo « descremar» oportunamente la zona alcista y que había resultado francamente exuberante en sus saldos. Pero eran muchos los que esperaban una continuidad de línea en febrero, aunque no se supiera muy bien a qué podía ir ello enlazado. Con lo cual, lo que se esperaba era una suerte de inflación bursátil, una zona de remarcaciones con los activos gozando de iguales defectos y virtudes. La llegada de balances iba a aportar un poco de realidad, como para cotejarle el beneficio de la acción a la evolución de cotizaciones. Y en tal aspecto, es difícil que se pudiera sostener un ritmo alcista que los resultados no habilitan a apuntalar. El principio de la selección estuvo presente en las ruedas de febrero, lo que se observó en repuntes de cartera global que estaba formada de subas y de bajas líderes. Prueba de un mercado que no se vio lanzado hacia arriba, siguiendo alguna fuerte motivación general, sino que se produjo un separar la paja del trigo. Quedará por verse, al repasar casi todos los balances llegados, cuánto hay ahora de paja y cuánto de trigo entre las acciones listadas y sus saldos del último trimestre de 2005. Algunas ya saltaron fuerte, pero con claros indicios de las plazas «secas», donde la escasez de títulos en danza hace repercutir las órdenes de compra, con notoriedad en los precios. Pero eso no es la norma.
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