Cuando hablamos de una polarización excesiva en el mercado, que lo deja cautivo de cómo les vaya a una/dos especies y lo hace peligrosamente «manejable» por algunas pocas carteras, también se debería remarcar que las plazas bien líquidas no abundan. Y, mucho peor, que al parque de acciones inertes, casi fosilizadas -algunos con últimas cotizaciones registradas hace varios meses y, también, unos cuantos años-, no consigue vencerse. Algún lector desprevenido, o solamente actualizado por el listado de las líderes, acaso hasta descree que esto puede ser de tal manera. Y se preguntará, sorprendido: ¿pero, qué hacen en la Bolsa, entonces? En algunos años, malos, se mencionaba que la escasez de mercado y la tendencia depresiva eran causales para que no hubiera mercado para esas especies. Una excusa que se cayó ante los ejercicios muy buenos y donde, igualmente, permanecieron como figuras decorativas en las planillas y en los paneles.
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Ante esto, el interrogante del lector virtual tiene plena vigencia: ¿qué es lo que hacen las que no hacen nada por tener vida bursátil siendo cotizantes?...
He ahí una tarea que hay que cumplir, sin por ello desmerecer el trabajo de captación de nuevos títulos para la cotización. Pasar el «peine fino» sobre el listado de las que están como petrificadas e instarlas a una participación. A que se ofrezcan como alternativas, a que den razón de ser a sus presencias. Que una cuestión es tener que oír a las que no están, y que enarbolan cualquier argumento para no entrar a la genuina fuente bursátil, pero otra es que lo digan las que están -y desde hace muchoen la Bolsa: y sin creer en el sistema donde participan.
Mover una plaza, «hacerle mercado», no es tarea difícil para ningún grupo de control sensato. Y lejos esto de que se vea comprometido el paquete mayoritario, o cosa por el estilo. Si hay muy poco papel en danza, porque lo posee el grupo controlante casi totalmente, inyectar un bajo porcentual a la cotización diaria es suficiente para que el circuito obre después solo. Pero se nos ocurre que hay que echarle una mirada al interior del recinto, antes de solamente procurar que ingresen desde afuera. Las empresas forman parte activa, esencial, del círculo bursátil: y si ni las que ya están presentes muestran confianza ni actitud en el ámbito donde han ido por propia voluntad, poco puede esperarse de las sociedades que están afuera y con todo tipo de prejuicio sobre el sistema. Hay que mover los pesos muertos, tanto de una cartera como de todo el andamiaje institucional para promover un mercado mucho mejor, más atomizado, con opciones variadas y de todo calibre. O caeremos en depender de la suerte de muy pocas; a veces, de sólo una.