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Lo que también suelen soslayar los gobernantes, de todas las épocas, es que las «golondrinas» financieras no son como las verdaderas. No realizan puntuales viajes entre dos lugares determinados, sino que procuran habitar en mercados que les parezcan tentadores (muchas veces, vecinos del sitio anterior) y fortaleciendo a economías competidoras de aquella que las expulsó. Cierto es que la región, con sus particulares gobiernos actuales y por llegar, dificulta encontrar un «hábitat» acogedor para el capital, lo que ha hecho que otras especies inversoras muten en «golondrinas» y tengan las alas prestas para levantar vuelo. Si Brasil aportara lo suyo ensayando tales medidas, el último ejemplo nuestro -despreciando a la empresa extranjera- y ciertas versiones sobre supuestas normas que emplearía el Central, no parecen convertirnos en alternativa cálida para que lo que pueda salirse de Brasil recale con fuerza en nuestro medio.