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30 de marzo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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La posición que ocupa la Argentina en el ranking difundido acerca de «dónde invertir en el mundo», seguro que no puede asombrar a nadie y es una lógica cosecha de lo que se ha venido sembrando, con medidas -y actitudes- que están cada vez más presentes: respecto de empresas y de capital extranjero. Tampoco puede llamar la atención que nos situemos por arriba de Venezuela, donde lo último conocido de Chávez es la idea de resolver el problema de la vivienda «expropiando casas». Y aplicando la vara del «valor justo» -al margen del mercado- que su gobierno considere como tal. Singular aparato de medición, una de cuyas variantes parece poseer nuestro funcionario De Vido: respecto del «nivel justo» de rentabilidad que deben poseer las empresas.

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Pero menos puede extrañar aún la posición en el ranking realizado, cuando la propia ciudadanía descree de una inversión que vaya más allá del cortísimo plazo. La prueba de esto es que el Banco Central genera alguna forma de inducción, para que los fondos se trasladen a plazos fijos largos. Y se piensa, al menos los autores de la medida lo deben pensar, que penalizando colocaciones a la vista se invertirán las relaciones actuales entre los segmentos.

La tercera noticia, que ocupaba a nuestro diario del martes, tenía relación con un tema que queda por momentos en la periferia, pero que subyace como de los más importantes para atacar economía e inversiones: la inflación. Ambito publicó una entrevista, del colega Sergio Dattilo, donde Michael Rake -de KPMG- iba directo al punto: «Es muy raro que el control de precios derrote a la inflación. Y rematando el concepto con una ingeniosa y gráfica metáfora: «Solamente la embotella por un tiempo...». Este tiempo de inflación embotellada ( expresión que le pediremos prestada, periódicamente) es la que quizá brinde un índice en marzo, cercano a las ansias del poder. Pero debe saberse que es la única herramienta que se instrumentó, control de precios, por oposición a lo que sigue faltando: inversión y productividad.  


Hay un apretado manojo de situaciones, donde también participan las permanentes pujas salariales, y con la imagen de la tal «botella», que tiene ambiciones de ser un «bidón». Poderoso corcho está conteniendo lo que fermenta en su interior, pero es un buen racimo para hacer de lastre si un inversor, foráneo o local, quisiera pasar la raya del corto plazo. Obviamente, esto también se transmite a la Bolsa, donde la plena liquidez y el juego corto son los únicos imanes que prevalecen para traer capital. La unión de factores es para preocupar bastante.

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