Sería bueno poder dedicar siempre la columna a asuntos estrictamente bursátiles. Pero, bueno... los tiempos cambian y a tal punto que cuando este espacio fue creado, todavía se utilizaban los «cupones bursátiles» en el sistema.
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Hoy, hasta hay que explicarles a los más jóvenes en qué consistían esos agregados a los títulos accionarios y que dieran también título a nuestra columna. Momentos cuando las acciones debían imprimirse -con hermosas filigranas decorativas y de seguridad, la mayoría- y las sociedades entregaban pilas de ellas a los inversores. Para cobrar dividendos venían adjuntos los «cupones» y contra uno de ellos se abonaban los pagos del año. O bien se utilizaban -y cotizaban solos- en zonas de suscripciones. Actualmente, a través de la Caja de Valores, las láminas -y los cupones, claro- han quedado sólo como virtuales, moviéndose todo por asientos contables y certificaciones.
Desde siempre damos por válido aquello que nos enseñaron los maestros de la Bolsa, locales y del mundo, respecto de ser una inversión que no produce causas por sí misma. Solamente refleja todo lo que sucede en una sociedad, y en lo internacional, por lo cual hay muchos temas que inciden de modo inmediato, o más lejano, en una tendencia. Cuando creemos que aparecen tales especies, las tomamos en la columna y procurando que el inversor que no haya reparado en ello, o le resta trascendencia, al menos se detenga a considerar el punto de vista y lo utilice para sus decisiones. En consecuencia, salimos y volvemos al tema bursátil, lo ligamos con cuestiones que deberán poseer algún paso presente o futuro. Y desfilan así los apuntes sobre lo político, lo económico, lo financiero, lo empresarial y -cuando corresponde- hasta lo social.
Después, el propio mercado se encarga de grabar huellas en su tendencia, si bien no es posible desentrañar si una suba, o una baja, responde específicamente a un asunto equis. Pero, si hay zonas -como las que se están viendo- donde surge una bruma y cierta confusión en los operadores, esto no debe achacarse a ningún tema de lo bursátil, sino de un contexto que se está viendo confuso, desorientado, en varios aspectos de nuestra sociedad. En virtud de ello, lo que está rindiendo en el primer trimestre nuestro índice ponderado resulta más que un lujo: un paraíso de Buenos Aires, siendo puntera en rendimientos, respecto de la región y casi en todo el mundo.
La virulencia, las cosas «embotelladas» que se continúan sumando y fermentando, pueden resultar las grandes sorpresas en cuanto se les dispare el corcho a algunas de ellas. Que «todo está bien» es un discurso que sólo se atiene a una fase: la de ver si hay superávit. En mucho de lo otro, poco está bien.
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