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4 de agosto 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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«Hemos hecho una proyección sobre nuestro mercado, estimando que el Merval -para el año 2020- se ubicará en torno a los 5.000 puntos. Apoyando la estimación, poseemos una serie de considerandos y ratios comparativos, que por ser muy extensos no podemos desplegar en este espacio». Firmado «Curro's Brothers». (P.D.: si esto no se produce, vengan a reclamarnos dentro de catorce años...)

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Y arreglate. Es el principio de los «gurús», que a pesar de todos los trabajos fallidos que lanzaron -especialmente acerca de convertibilidad y otras yerbas- insisten en ocupar los medios con sus profecías. Unos, ya nombres de larga data, otros nuevos, algunos cambiando de rótulos, pero siempre queriendo hacer esas aseveraciones que suelen tener el valor de un horóscopo.

Y, después, cuando lo proyectado se desvía, apelan a la vieja fórmula política: anunciar lo que va a pasar, para después explicar por qué no sucedió. Están pululando nuevamente esos «paper», que nos cuentan de antemano qué sucederá con el dólar, con la economía, con la inflación, con el superávit. Y no para el fin de año, o el año complicado que viene. Las proyecciones tiran números para cinco años, diez, hasta para quince. Y la picardía está en ello. Porque si uno asegura en plazo corto, y se va al diablo, quizás unos cuantos lo retengan en la memoria como para reclamarlo a viva voz. Pero, sinceramente, a cinco o diez años: ¿quién habrá de acordarse de aquello? Entra de lleno la definición de Keynes acerca del «largo plazo»: «en él, estaremos todos muertos».  


Con las cosas que vienen sucediendo en el mundo, en los conflictos, en el medio ambiente, el clima, la animosidad que se abona por el camino a la superpoblación, conviene más proyectar si es que seguirá habiendo mundo, en el período que abarcan para ver cómo estará el dólar en la Argentina. O si el mundo seguirá tal como lo conocemos hoy, desde lo geopolítico, o lo económico. Nos acordamos de la «Historia de la Estupidez Humana» -libro que, en nuestra juventud, nos marcó bastante con su antología de dislates humanos en la historia- y al llegar a la última página decía «Fin». Y agregaba: «Pero la estupidez humana no tiene fin». Y en esto de los pronosticadores y «gurús» es como para hacer un tomo con material de archivo y cerrarlo del mismo modo, con: «La historia de los chantas no tiene fin».

Además, el atrevimiento de realizarlo sobre un país como el nuestro, que vive en la incertidumbre pura, le vaya mal o le vaya bien económicamente. Donde todos los días surgen cuestiones que bordean casi lo irracional. Es como en el comienzo, con el pronóstico que dimos... para una Bolsa como la nuestra!

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