Las energías de nuestro mercado parecen tan menguadas que con tan poco es capaz de hacer un amago de recuperación -una «recomendación» sobre Tenaris, por ejemplo- o inmediatamente apagar nuevamente las luces: como en la rueda del lunes. Pero en esa sesión inicial de la semana se dio el caso -no muy frecuente- que al retroceder el monto en acciones a sólo $ 28 millones de efectivo, igualmente mantuvo su segmento de participación sobre los torales en un bastante bueno 11 por ciento.
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¿Tan escaso cúmulo de efectivo cubriendo una porción tal sobre el mercado? Con semejante suma, dirá la voz estadística, se podía aspirar a una franjita de 5%, a lo sumo. Pero esto lo que vino a delatar fue la contracción mayor que involucró a todo activo cotizante de esa rueda. Incluidas, por ejemplo, las «cauciones» y que corren más por la vía de la herramienta financiera -con bajo riesgo- que por la bursátil. Por la mañana, Ambito titulaba acerca de una definición de embargo al país, a resolverse en los primeros días semanales. Pero, sobre una cifra muy escasa y que es aquello que nuestros orgullosos funcionarios no pudieron esconder al mundo, en prevención de fallos contrarios. Era un tema, pero no de mucho calibre inmediato, a no ser porque según lo resuelto sea señal a favor, o en contra.
Nos detenemos un momento en el punto anterior, porque cuando se habla de tal tipo de situaciones derivadas del «default» y el canje forzoso no se trasunta nunca -como tampoco en aquel momento- cierta pesadumbre por tener que aplicar esas medidas sobre los bonistas y sus tenencias: sino que resultó de alegría y hasta jolgorio. Como ahora, cuando se habla de embargos que no tienen activos a la vista, no se traduce en actitud de tristeza por ver al país y su imagen rodando por los estrados internacionales, sino cierto «orgullo» por haber escondido todo lo embargable. (Tal vez está bien que ambas actitudes resulten de esos tonos, al parecer no hay reparos en ningún sector de la sociedad.) Será la mentada picardía criolla.
Pero, yendo al principio y el alto grado de elasticidad a cualquier tipo de estímulo -por leve que sea- para que el mercado local se dilate, o se contraiga, esto es prometedor de una senda que no se pudo apartar de lo sinuoso. E incapaz de transmitir señales sostenidas de una variante, al ya fastidioso vaivén. Aunque se sucedan también los títulos sobre la recaudación fiscal, o el superávit comercial, o bien el avance de las reservas, en la Bolsa esto no parece generar ningún impacto. Como si fuera impermeable a tales novedades, cuerpo de tal grosor de corteza que permanece insensible. Fascinante.