En las habituales notas mensuales que nuestro colega Jorge Herrera realiza, respecto de cómo se dividen en activos las carteras de los Fondos Pensión, encontramos las referencias para comprobar qué pueden significar esos dineros institucionales dentro del segmento accionario. El arqueo de agosto nos dice que las posiciones de las AFJP -conjuntas- crecieron en $ 864 millones. Y ahora totalizan nada menos que $ 78.000 millones (o 90% de las reservas que tiene nuestro Banco Central). Y es una cifra, caray!...
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El conjunto subió, pero el valor de la cartera en acciones locales bajó en $ 72 millones. Son ahora unos $ 8.900 millones colocados en títulos privados de nuestro mercado y representa algo más de 11% de la inversión total de las entidades.
No es posible inferir que la baja se debe a que hayan sido vendedores, porque puede tratarse de una disminución por retroceso de cotizaciones y visto que el andar bursátil se ha comportado flojamente.
Tampoco puede decirse que, en realidad, hayan sido tomadores de posiciones ya que la cuenta debería haberse quedado, al menos, en niveles parejos y no en retroceso. De la mezcla de ambos posibles rasgos se obtiene lo que puede estar siendo el común denominador de nuestra plaza: desinterés, indiferencia por los títulos accionarios.
En cambio, han aumentado de modo notorio las colocaciones en «Fondos Comunes» de inversión locales: pero, la variedad de menú en tales carteras es ahora tan amplia, y diversificada en activos distintos, que lo más probable es que no apunten a los de renta variable, acciones, sino a conjuntos más combinados.
La tendencia de «títulos públicos» locales (los grandes causales del desastre de estos años en las carteras) se ubica en los $ 44.000 millones y es 56,5% del total invertido. Con lo que puede ver el aportante que las carteras institucionales están nuevamente sentadas sobre un explosivo del mismo polvorín. A los Fondos Pensión, se ha visto en estos meses, los han querido incorporar a todo tipo de inversión con sabor a aventura. Y siempre bajo los designios de autoridades oficiales que les manejan los intereses a los aportantes privados (de modo directo, o encubierto). Solamente con que una parte algo más razonable de los fondos pudiera ser destinada a tomar posiciones en títulos privados, aunque fuera a las acciones nuevas -no emitidas- se podría regenerar una trama bursátil que está luciendo sus peores momentos históricos. Y fomentaría, también, el arribo de otras empresas a la cotización. Pero, tal circuito nunca está en el pensamiento oficial: antes, sus «bonos basura».