24 de septiembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Obviamente, no somos ni pertenecemos a la rama del «análisis técnico», pero lo respetamos como una herramienta más para tratar de descubrir los pasos de un mercado. Solamente rompemos puentes con los extremos, ya que tanto de un lado -fundamentalistas- como del otro -técnicos- han surgido los que plantean la antinomia irreconciliable entre las dos escuelas. Hoy nos satisface recomendar al lector hacerse del último ejemplar de la revista «La Bolsa Hoy» ( editada por la Bolsa de Comercio) y detenerse en la nota firmada por un analista técnico de nuestro medio: Jorge Fedio.

Bajo el título -que es un buen exponente de principios de: «Al César lo que es del César», Fedio recorre senderos que de modo permanente gobiernan nuestro modo de focalizar el estado del mercado. Y tanto podría ser suscripta la nota por un Charles Dow como por un Benjamin Graham (pioneros de las dos escuelas).

En su esencia, como «conclusión» del autor sobre lo expresado, surge este párrafo: «Cuando en nuestro análisis tenemos incorporada la ecuación precio/ volumen como metodología de trabajo, se reduce el margen de error...».

Cita frases clásicas en los mercados y que, dice, fueron incorporadas por el análisis técnico como propias. Como: «Lo que sube sin volumen, baja con volumen» (o a la inversa). Y cita al analista Martín J. Pring, que asevera que: «Si el volumen se mueve con la tendencia de precios, es una confirmación útil. Pero el estudio del volumen es inclusive más útil, ya que el volumen dirige la tendencia de los precios...».  


Toda la nota de Jorge Fedio está en función de nunca restarle el debido espacio a la variable mayor -el volumen de negocios-, además de tener en cuenta los precios. Al lector de esta columna o de los comentarios diarios sobre las ruedas, acaso el tema ya le resulte tedioso: por las mil y una veces que nos encargamos de remarcarlo. Por ahora, no hemos encontrado en toda la bibliografía, antigua o moderna, ninguna fórmula o recomendación para tratar con el mercado más efectiva que la simple relación entre los precios y el volumen de negocios. Pero es como la teoría de la relatividad, expresada por Einstein en apenas un párrafo y sobre la que se han escrito toneladas de libros con el fin de explicarla. Las verdades básicas, las que constituyen las «leyes de oro», siempre son muy sencillas y están a la vista de todos. Lo demás pasa por la convicción que se tenga para atenerse a ellas siempre, aun cuando, por hechos eventuales, puedan fallar. Lo más apreciable de esta nota mencionada es que ayuda a comprender que las dos escuelas no se excluyen, más bien se complementan. Bien.

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