4 de octubre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Se puede, o no, estar de acuerdo con los remedios que propone el titular de la CNV -señor Narciso Muñoz- para rescatar, y no es exagerado el término, a un mercado de capitales que se viene consumiendo. Si se lo enmarca en la época de que se trata, con todos los instrumentos actuales, y se traducen las operaciones a términos reales ( deflación incluida) hasta puede afirmarse que ya está consumido. Pero, juguemos a que no es así, y que queda todavía una cierta base para el rescate. Con lo que no se puede disentir es con el diagnóstico lanzado. Si todas las entidades a las que se les envió la arenga convienen en que esto es así, lo mejor que pueden hacer es procurar cuáles son los cambios y caminos más idóneos -y prácticos- como para llegar a un enunciado común.

De todos modos, lo mencionamos días atrás, sería más conveniente que el titular de la CNV pudiera perforar los pisos superiores, antes que los de abajo. Esto es, concurrir con todo el tomo de la realidad en la mano a interesar vivamente a funcionarios de gobierno para que la autoridad política (que es la que mueve todo, como siempre) capte la necesidad imperiosa de hacer algo. Por supuesto, después de responder concretamente a una sola pregunta: ¿es de interés de su gobierno que exista un mercado de capitales y que no desaparezca?

De hecho, aunque sea por cuidar las formas, todo personaje interrogado al respecto dirá que: «sí, nos interesa». Y entonces sí, con el acompañamiento de las cabezas de las entidades convocadas, exponer diagnóstico completo y posibles -y sensatos- remedios para poder aplicar.


En el ínterin, también cada organismo, cada entidad, debe realizar una propia revisión de su casa. Y antes de esperar por lo que puedan los otros, preguntarse por lo que no hizo cada quien y qué puede hacer ahora.

Y en esto queda, indudablemente, involucrada también la propia CNV, cuyos sucesivos titulares vivieron quejándose de no poseer las reglamentaciones adecuadas, o la falta de personal necesario (con esto, se quitaron de encima responsabilidades de su competencia que delegaron en la Bolsa, por ejemplo). Y que se envolvieron en la mentada «ley de transparencia» que rebotó asiduamente en planos legislativos, debiendo verse causas que se cerraron con penalidades ridículas, para la exacta gravedad de los desvíos. Casi desde siempre, al menos de lo que conocemos, el común de las personas siente que debe defenderse sola, como pueda. Que existen normas sumamente permisivas, varias de ellas habilitadas en años recientes, y que se carece de un organismo rector capaz de aplicar penas severas, al estilo de una SEC. Y si no hay posibilidad de ser así, mejor no ser.

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