25 de octubre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

La rueda que marcó el reinicio bursátil y que debía ser puntada de enlace con lo visto hasta el viernes, para ratificar que el mercado local se pueda mover en otro rango de negocios, resultó un fiasco. Un retorno a los $ 38 millones de efectivo, un desarrollo tan rebosante de mediocridad y sin alternativas que el Merval lo resumió en un porcentual muy difícil de conseguir: «0,00» y exactamente en el mismo punto terminal de la rueda previa.

En tal día los mercados del exterior tuvieron comportamiento bastante entonado, por lo cual no se alcanzaba a entender de dónde reaparecía el aplastamiento en nuestro recinto. Y esta semana puede resultar clave para determinar de modo más claro el destino del ejercicio, a dos meses vista. En este período se diluye octubre y es la ocasión para que el estrecho pasadizo en la muralla se pueda hacer mucho más creíble. En cambio, si se verifica que todo fue otro vuelo fugaz y el mes se despide pesadamente, será complicado encontrarle el flanco positivo a la tendencia accionaria y darle chances para tener un cierre mucho más rítmico y favorable que los diez meses anteriores. Hasta el lunes, tras la semana completa anterior, una escalera con gran belleza y armonía se había formado en el ranking regional.

Teníamos a la muy positiva Bolsa de México con 30% de alza en el año. Después, la rendidora Bolsa de Chile con 20%. A continuación, el índice de Brasil, con 15% de rendimiento. Y, por último, la aparición del compungido Merval: con sólo 10% de aumento. Si se busca algo cercano, habría que introducir al Dow y su 12 por ciento de aumento (aunque, sabido, los puntos de ellos valen por mucho más, por ser un mercado menos volátil y que se mueve en otro rango de velocidad).  


Así que, en el trencito formado con porcentuales tan redondos y tan separados entre sí, se ven algunos que deparan gran alegría y el que cierra el convoy, que es un neto «vagón de cola»: nosotros. Si usted se deja seducir por los cantos de sirenas oficialistas -y otros que no lo son, pero adhieren-, todo anda de maravillas, la Argentina florece y es una locomotora de prosperidad. Sin embargo, uno de los espejos clásicos de las condiciones de un país -su Bolsa- resulta que devuelve una imagen sumamente escuálida, con semblante amarillento, como en las épocas que son malas: o bien, en las previas a las malas... Y esto último puede dar para pensar, porque sabido que con el presente no parece coincidir el espejo, pero no siempre la aguja de un mercado está sujeta a lo que sucede en el hoy, sino que está como «descontando» el mañana. Quizá la semana se enderece, acaso confirme que el mercado quiere ir para mejor. Pero está muy lejos de lo que podría suponerse, en medio de tanto ratio positivo (y autoelogio).

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