2 de noviembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Ya el peligro chino va tomando más cuerpo, suceso clave para la economía mundial de épocas venideras y al que hemos tratado de seguir, al menos con las pinceladas mayores. Uno de los participantes clave para el auge de muchos sectores en años anteriores, los chinos aparecían -para muchos- como una suerte de providenciales compradores de casi todo lo que les vendían: ayudando a encarecer esos productos, por la dimensión de sus compras. Y se vivieron pasajes de gran felicidad, inclusive para economías menores -como la nuestra- pero sin pensar demasiado en la otra cara del ciclo: cuando China revierta el circuito y se convierta en abastecedor de mercados, con sus enormes excedentes. Hace poco, recordará el lector consecuente, extrajimos del balance de Solvay Indupa los considerandos acerca del mercado de PVC y lo que ya se estaba advirtiendo, respecto de la intervención china del lado de la oferta. Ahora estalló en los medios el tema vital del acero y todos en el sector están temblando por lo que se viene. Como siempre en estos casos, nuestros empresarios ya están tratando de que se les genere un entramado protector, aunque cuando la vía era hacia la otra mano gozaron de todas las ventajas que la gran demanda producía. Y esto es solamente una punta, un prólogo, para lo que vendrá.

Cualquier inversor de mediano y -mucho más- de largo plazo, como los institucionales, deben tener que estar ya analizando profundamente esta tendencia que promete dar un vuelco en la evolución de ciertos productos y de «commodities». Bolsones de oferta, que a la manera oriental es sacarla a cómo dé lugar -ya se viera con los famosos «tigres asiáticos»-, habrán de lesionar seriamente a los que no están preparados para competir y resistir. Los grandes importadores de todo, pasando a ser unos «fenicios» modernos y vulnerando la economía occidental: sin hacerse mucho problema.  


China no solamente es el gran peligro de la estabilidad económica mundial, sino que su contribución a la polución en el planeta (por su mejora en la calidad de vida y acceso de millones de personas a utilizar medios de Occidente, como automóviles) ya fuera también advertida por el gran Cousteau.

Sacar todo el partido que se pueda de lo que todavía es un ciclo virtuoso parece resultar la gran apuesta para países más endebles -como en nuestra región- en lugar de creer que la bonanza y los años buenos serán bendición eterna.

Bien harían en nuestro tan distendido gabinete, tan preocupado por política y elecciones, organizar un «Comité de Crisis»: que empiece por estudiar consecuencias del peligro chino. Que se viene.

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