29 de enero 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Flor de altercado se armó ya con el tema de la jubilación privada y la estatal, lo que va derivando en las estupideces de toda la vida. Funcionarios que en vez de debatir, o rebatir ideas, se dedican a acusar a los que osen mostrar una posición crítica: diciendo que tales o cuales, están «pagados por las AFJP». Unos días antes de darse a conocer las nuevas medidas, cuando todo indicaba que se irían a aprobar subas de aportes para las entidades, nuestra columna habló -en posición nada benigna- sobre las AFJP. Desde la óptica que se utiliza, nosotros estaríamos «pagados por el gobierno». Pero, si agregamos que la jubilación estatal ha resultado una de las peores estafas de nuestra historia administrativa, que por eso la gente que aportó toda su vida activa se encontró con pensiones de hambre, que fueron víctimas de deleznables vaciamientos por parte de gobiernos civiles, militares, o de esquimales, entonces -siguiendo el curso de pensamiento también estaríamos: «siendo pagados por las AFJP».

Es evidente que la Argentina ha repuntado en dinero, pero la decadencia en valor y brillantez de gobernantes, ya resulta alarmante. ¿Qué mejor cosa para el que deba decidir dónde se queda, que ser espectador de un debate de opiniones acerca de cada sistema? Gente de cierto renombre, tanto funcionarios como analistas privados, colocando los debidos puntos -a favor y en contra- de cada sistema.

Pero no, el asunto pasa por descalificar al que hable y no vaya en concordancia con lo que expresan los que gobiernan y toman medidas. Los que están -los que estamos-dentro de un listado de jubilación «privada» (lo encomillamos, porque es una falacia) quieren saber si lo que argumenta un Broda, un Fereres, un Artana es lo cierto, o si están equivocados. O si existe un punto de vista en contrapartida, que mejore lo que dicen ellos.
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Ahora, lo único de concreto es que el aportante, la figura esencial de este asunto, se encuentra como un hilo delgado: entre las dos hojas de una tijera. Tanto el lamentable sistema que se fue gestando con la jubilación «privada» -y sus absurdos recortes a los aportescomo aquello que es historia pura, indiscutible, del desastroso estado en que dejaron las cajas los sucesivos administradores estatales.

Es difícil pensar en que le vaya a ir bien a nadie, ya sea que decida un camino o el otro. De todas formas, su destino estará regido por funcionarios de turno que le marquen de qué modo se hará uso de sus aportes. Lo «privado» nunca ha sido privado, porque, justamente, se lo privó siempre de la posibilidad de desempeñar sus objetivos defendiendo los aportes con inversiones rentables y razonables. Y permitiendo abusivas recompensas por hacer... casi nada.

Y de las cajas del Estado, ni hablar. Basta con preguntarle a los jubilados que siguen penando.

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