Sólo dos índices bursátiles, en un listado de los más habituales, venían cerrando enero con saldos negativos: el Bovespa y el Merval. Los demás de la región, con el chileno y el mexicano en buenas situaciones, inclusive los europeos arrancando el ejercicio 2007 con puntuaciones positivas. Podía entenderse, entonces, que las últimas ruedas mostraran algún principio de reacción, aunque fuera con precarios instrumentos. Como los que aparecieron por aquí en la rueda del martes, apenas más rescatable que la penosa del lunes en volumen: pero, pudiendo recuperar algo de terreno en cotizaciones y dejar abierta la posibilidad de neutralizar buena parte de la desmejora arrastrada durante enero.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Cuesta creer en reacciones sólidas cuando se trabaja con tan diezmado cúmulo de órdenes, estando a la vista que todo se puede armar con una oportuna detención de la oferta. Y que se acomode del modo más manso, a las débiles fuerzas de la demanda. A mucho les costará digerir éste comienzo de año y siendo en un contexto mundial que no ha tratado mal a las acciones. Y es que no aparece una causa madre -la «Gran Causa»-, aquella que asume toda la responsabilidad por un sesgo del mercado. No está en la superficie algo de ello, al contrario: se apabulla con números que quieren pintar un excelente perfil económico que nos acompaña. Solamente se puede hacer un «rosario» de diferentes motivos y que -en conjunto- lleven a que el estado de ánimo, y las evaluaciones, no cierren como se podría suponer que debieran hacerlo. Acumulación de obstáculos que se colocan ante las empresas, un día sorprendidas por una medida. En el otro, atemorizadas por una arremetida de solicitudes gremiales que vuelva a recalentar la rueda de los costos por mano de obra. Tarifas que le van directo a un sector, para salvar a otros, insumos que se pagan en dólares y precios congelados en pesos. Un seleccionado nefasto y toda la incertidumbre por lo que vaya a suceder, cuando se ponga a rugir plenamente la maquinaria electoral.
Explicación sobre el no despegue del mercado del título privado, aquejado también ahora por una caída a pique en sus montos transados, que carece de la debida consistencia. Porque es una explicación balbuceante, como producto de banderillas que se le van clavando en el lomo al mercado: aunque no hay una espada declarada, como para distinguir y verla con ansias de aniquilación. Siempre llega un repunte, natural o forzado, si no es por la detención vendedora, es por la picardía de colocarle unos pesos a los motores principales del Merval y que la «ponderación» realice el resto. Es una carrera anual donde partimos retrasados y a la que hay que correr de atrás.