10 de abril 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos preguntaron qué tipo de acciones resultan apetecibles para comprar. Les respondimos que nunca hemos intentado jugar de pronosticadores (aunque, en verdad, es sencillo desde que los que se animan no se hacen cargo de ningún resultado adverso. Y continúan el juego). Solamente se nos ocurrió refrescar alguna advertencia, que ya nos recomendaban los veteranos-sabios del «viejo recinto»: las condiciones que se le puedan encontrar a una acción deben ir relacionadas con la cotización que posee.

Puede tratarse de un gran papel, con un gran precio y -en todo caso- se está pagando al ras, sin mucho techo aparente por recorrer. Concepto sencillo, como son y siempre fueron los que contienen el elixir de lo bursátil, al que muchos inversores suelen desvincular y quedarse con la mitad de lo requerido. Esto es, buscar, analizar, procurar dar con una acción de muy buen perfil.

Y a ello debería agregarse otro artículo poco utilizado, que también nos legará un gran agente bursátil de aquellos tiempos: al revisar las virtudes de una acción se debe prestar atención expresa al directorio que compone la empresa, la trayectoria de la compañía en lo que hace a seriedad y respeto por los inversores de la minoría. Un precio se puede formar en un día, un movimiento en una semana, pero un prestigio lleva muchos años de elaboración y conducta.

Y, de última, si es que le sirve a alguno: lo primero es lo primero. Y hay que saber qué es primero y qué es segundo, en el orden natural de la inversión en Bolsa. Antes que elegir el papel, se debe tener una idea de hacia dónde se dirige la tendencia del mercado. En general, todas se van plegando hacia la misma dirección y, si existen cambios bruscos (recordar los días vividos en marzo), van cayendo en racimos desde las más mentadas hasta las de escaso valor. Y si algunas quieren evadirse, quedar en contra de la tendencia, después son atacadas de modo furibundo -en las bajas-, porque las carteras suelen aguantarse con las que bajaron mucho, vendiendo de las que sufren menos. Hecho que, a la luz de la sensatez, no es el más recomendable: pero, que suele ser así, se comprueba a menudo.


Es, además, la razón por la que ya no vale ensayar arengas sobre las condiciones de solidez de una economía o de un mercado, pretendiendo distinguirse de los otros que vienen mal: se termina por ver arreciar órdenes que vienen a desquitar en una plaza, aquello que han perdido con las otras. No resulta para nada sencillo lanzar un nombre al viento y darlo como el mejor papel, sin hacer caso de las otras condiciones que lo rodeen. Y aun pudiendo llegar a conclusiones, nada asegura que evolucione menos que otros descartados.

Y sin descartar que aquel que elige por simple instinto consiga lo que el análisis no puede. Tan fascinante en el mundo de la Bolsa. El «planeta Bolsa».

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