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3 de julio 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Abierto el séptimo mes todo parece resumirse a más de lo mismo: esperar por ciertos informes de la Fed, saber cómo fueron recibidos, ver de qué forma se convierten en movimientos sobre el mayor mercado. Y de allí, a los otros. ¡Qué aburrido viene esto de 2007! Tan paliduzco se ha hecho en nuestro recinto, que terminó en 2006 con un Merval en 2.090 puntos y hoy culminó primer semestre casi exactamente 100 puntos más arriba -2.190-, pero que en porcentual sabemos cuán poco significa para seis meses de labor. Y si se repasa mes por mes, lo que se encuentra es una estrecha senda por la que vino rodando nuestro destino bursátil: lo que fue de un piso, en febrero, con 2.067 unidades y un máximo de fin de mayo cuando se alcanzaron los 2.243 puntos (único mes en el año, donde se pudo retener una cifra que estuviera encima de los 2200).

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Tan parejo es el dibujo del semestre, que se anotan tres meses con aumentos y otros tres con caídas del índice. Enero y febrero fueron dos retrocesos leves, apareciendo desde marzo una racha ganadora que permaneció un trimestre -marzo, abril, mayo-y con la buena expectativa de mostrar tendencia creciente -suave-, pero siendo gradual, en ascenso. Primero 1,7% de alza, después le agregó 2,48% en abril y subió a 4,10% en mayo. Para junio, todo volvió al principio: se cortó la seguidilla y se acusó una baja de 2,3 por ciento.

El clásico «ranking de inversiones», al que se han acostumbrado los medios gráficos y donde se mezcla todo, como en la sopa de la abuela, ha generado para junio titulares que llegan casi al absurdo, como: «el oro y el plazo fijo fueran las mejores inversiones». El primero históricamente, no es en sí una inversión sino atesoramiento, refugio en aguas encrespadas. Y el «plazo fijo», que aportó 0,5% en el mes ( inevitablemente negativo, ante una inflación medida sin trampas) resultó la otra colocación que salió con un signo «más». En lo que tiene que ver con lo bursátil, desastre por todas partes, tanto en renta fija -peor-como variable.

Esto es lo que muestra la actualidad de un gobierno que está a punto de cambiar de caras: han derrumbado expectativas en todas direcciones. Una chatura semejante que conlleva al desinterés y al desánimo, no es factible de ver muy a menudo. Calza perfectamente con un dato oficial, acerca de un aumento en u$s 21 mil millones, en lo que son tenencias de «activos externos» por parte de argentinos.

Lo que viene sucediendo, no sólo en Bolsa, no es casualidad ni desarraigo. Es la respuesta a no poder ver más que el día por día, a no saber de planes coherentes y que abarquen cierto plazo en una dirección. La que vaya a realizarse, o a sancionarse, es totalmente imprevisible. Y los mercados se alimentan de, al menos, alguna certeza. Si viene el recambio, ojalá que lo haga con algún plan sensato bajo el brazo.

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