ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

16 de julio 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

ver más
De pronto se pone de moda una palabra y se la empieza a utilizar profusamente. Es el caso de lo «bipolar», que expresa una exposición a pasar de un extremo al otro, sin estados intermedios, fluctuando entre optimismos y depresiones. Se les aplica a las personas, pero visto el ritmo que llevan los mercados y sus picos y valles, bien podría calzarles en este controvertido 2007. El asunto es que los índices, la tendencia, resultan solamente un efecto de lo que les llega -sabida la imposibilidad de generar sus propias causas- y, en consecuencia, tal «bipolaridad» hay que trasladarla a esferas más amplias, como las que conforman organismos de alto nivel y que tienen la capacidad de incidir sobre el curso de economías y -por ende- de los mercados. En segundo término, los que están en la primera línea de recepción de lo que llega desde arriba y poseen la facultad de trabajar, de moldear, de adaptar o hasta de falsificar el espíritu y la esencia de lo arribado. O bien dejar de lado lo principal y afirmarse en lo accesorio, si es que se considera la senda más viable para llegar al objetivo. Estos agentes, que se mueven entre la inversión y el inversor, los que analizan y dan versión y recomendaciones especiales, hacen gala de una llamativa tendencia «bipolar»: pasando de la visión optimista a la pesimista, en lo que va de una información a otra.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Finalmente, la «bipolaridad» del propio operador de mercados, que actúa de acuerdo con los estímulos que le llegan y sin siquiera -muchas veces- poseer memoria sobre lo que se ha dicho previamente.

Así, la «bipolaridad» se adueña de la tendencia y de los movimientos que efectúan los mercados de riesgo, presa de los cambios de actitudes y de ánimos, sea por lo grave: o por lo superfluo.


Si no es así, al menos lo parece, pero en el mundo moderno se somete a los inversores a ráfagas continuas de hechos y de datos, casi a diario, a diferencia de lo que sucedió antes y donde los temas de cierta profundidad eran los que podían hacer variar los cursos. Hay semanas enteras, donde a cada día se aguardan con avidez nuevos datos de la Fed para resolver en cada uno de tales días el destino de los activos.

¿Son realmente tan cruciales, de a uno, o bien podrían servir para amalgamarlos y extraer conclusiones más armoniosas? Y, más que todo, duraderas...

Parece que no, que hay necesidad de enviar más material combustible a la gran caldera, de manera ininterrumpida. Y todos se han ido habituando a tomar esto como una religión y a consentir que los datos sueltos constituyan un motivo en sí mismo. El único modo de protegerse es filtrando lo principal de lo accesorio, al cotejar análisis y darles validez a los más serios y responsables. Y animarse a no seguir a la manada y a sus líderes, sino a las convicciones.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias