Sería bueno adoptar otras de las burdas apelaciones de Alberto Fernández (referido a la crisis de energía aseveró: «Somos víctimas de nuestro propio éxito») y tratar de engañar al inversor bursátil, diciendo que lo que viene ocurriendo desde 2007 en el mercado deriva «de ser víctimas de otros años exitosos...».
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Ciertamente que queda estúpida la frase, pero no más que la original, ¿no? Se agregaron otros conceptos, donde se le falta el respeto a la gente que se quiere conformar. Como: «Hay energía, fallan cables...». También se podrían parafrasear, para intentar conformar inversores. Por ejemplo: «Hay volumen, sobran vendedores...». Pero no es cuestión de ensañarse con la larga nómina de frases pueriles del señor jefe de Gabinete, también en el exterior se articulan niñerías cuando no se sabe bien qué diablos explicar, o qué soluciones prometer a los desesperados. Y el señor Bernanke, complicado titular de la Reserva Federal, quiso lanzar un principio de tranquilidad, diciendo: «Estamos listos para adoptar medidas importantes...». Y parece que en Wall Street y aledaños, la inyección de optimismo ya no penetra en la epidermis de quienes se han venido curtiendo de malas nuevas. De inmediato, el índice se volvió a desplomar.
Por suerte, para funcionarios que utilizan las declaraciones para llenar vacíos y los hacen más grandes, a la mano siempre está Hugo Chávez y sus monólogos para el mundo que lo mira sin comprender. Por su cuenta ha subido de rango a sus amigas las FARC y las nombró «ejército bolivariano» (?). Como alrededor todos escuchan sumisos y aplaudiendo, no hubo manera de saber a qué apuntará con ello. Acaso, en poner en un pie de igualdad a un gobierno democrático con aquellos que se han marginado de la sociedad colombiana. Imposible de descifrar el hombre, los de por aquí son mucho más sencillos.
Y de casi una primera quincena de mercados, todo sigue como en la vidriera de los «cambalaches». Especialmente en lo que estamos viendo en nuestra plaza: ahora queriendo sacar los pies del plato y yendo hacia otro lado cuando el resto camina en una dirección. O quedándose inmóvil, tanto cuando bajan, como cuando suben. En el listado de índices de diversas regiones, hasta el jueves pasado se observaba solamente a la Bolsa de Shanghai con aumentos en 2008, mientras todas las restantes quedaban debajo de la línea de flotación. Buenos Aires parece estar acostumbrada a figurar entre las últimas, aunque por el momento la Bolsa de Chile permitía encontrar algo más negativo (el IRSA estaba más de 7 por ciento en contra). Ingreso de dólares, repunte de bonos y donde es posible advertir que cuando aparece la codicia, tiende a desaparecer la precaución. Juzgar a un papel local por su renta presumible, en vez de medirlo por su pasado y por el riesgo de incumplimiento de los emisores, es andar jugando con fuego. El que se queme ahora se lo merece.
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