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31 de enero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Ahora apareció la reunión de los europeos, también sumamente preocupados por la economía de 2008, pero lo más destacable es lo que se difundió como «un reto de Europa a las calificadoras de riesgo». Otro eslabón en la larga cadena que vive adherida a los mercados y a los dineros de los participantes. En general, porque en nuestro medio también alcanzaron plena vigencia, se las suele discutir y hasta dan para las polémicas sobre su verdadera utilidad, pero, las compañías no pierden ocasión de difundir y remarcar la « calificación» que le brindan a sus números, estas entidades. ¿Anticiparon claramente las luces rojas de los movimientos adversos, de los casos fallidos?... Pues, en el exterior han sido muchos más los casos donde todavía calificaban bien a sociedades que se derrumbaban poco más adelante. En favor de ellas, también debe apuntarse que no resulta tan simple, como el común de los inversores tiende a creer, el asunto de descubrir « contabilidad imaginativa», los famosos «dibujos» que se puedan hacer en los balances para seguir encubriendo problemas.

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En todo caso, las « calificadoras» no son las auditoras y que sí tienen una alta responsabilidad en garantizar la limpidez de esos números a propios y extraños. En la Argentina estamos acostumbrados a no tomar como preocupante, que los «auditores» de las firmas apunten que no puedan dar una opinión acabada por no contar con todos los elementos necesarios. O cosa por el estilo. Y resulta que -anteriormente-se consideraba como una real «luz amarilla» encontrarse con balances donde el auditor se asumía incapacitado para dar su versión y opinión, acerca de lo presentado por el directorio.

En verdad, nunca ha sido parte fundamental de nuestro modo de encarar la inversión bursátil el otorgar el alto grado de importancia que posee lo que dice el auditor de las empresas sobre las que el inversor está interesado en comprarle acciones. Acaso, porque se cayó tanto en la costumbre de no poder emitir los informes cabales, que se asumió como normal verlo así repetido. Resulta otro eslabón de la cadena y, en este caso, del régimen de control que ponga a salvo al que interviene en la oferta pública. Hemos visto en casos muy resonantes, como la caída de la Enron, que fueron muy cuestionados los grandes estudios de auditores que no advirtieron de las situaciones de desvíos. Pero, los eslabones sueltos no sirven para enfrentar al problema total. Toda la larga cadena debería estar revisada, ajustando los tornillos que a lo largo de estas décadas de codicias descontroladas, y tantos vericuetos operativos y herramientas nuevas, han roto el saco una y otra vez. Decir esto es casi una «nota de color», porque los que realmente pueden hacer algo, sólo se ocupan de colocar nuevos parches.serlo para los que ven sus garras podadas y para los que juegan con el dinero de los demás de una manera negligente, por pedir poco. Y demoníaca, en su máxima expresión.Ahora, los demonios nos llevaron a esto. Y piensan en otra.

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