Mientras a Brasil ya lo están considerando como el país más atractivo para invertir, lo nuestro sigue dando pena. Y también para nuestro mercado, que viene jugando «la promoción» al filo de la cornisa, resulta como se suele decir en el campeonato de fútbol cuando uno pierde contra un rival directo: lo bueno que le pasa a Brasil, se convierte no solamente en un triunfo para ellos, sino que viene a restarnos a lo nuestro todavía el doble -o más- de lo que nosotros mismos nos restamos, con nuestras indómitas luchas internas. Uno que sube y al que se le están dando todas, además de lo que hace. Y, el otro, que derrapa, porque parece jugar para el competidor y se termina haciendo los goles en contra.
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Como esto se vaya confirmando, llegará -o ya están- el momento cuando se tenga que decir sin tapujos: señor, mejor coloque su dinero en la vereda de enfrente. Ambito Financiero, en su tapa del martes, deslizaba que se estarían gestando «ciertas medidas económicas» en nuestro escenario. Y, entre ellas, aparecía como la tercera de la nómina: «permitir un ajuste en los balances, por inflación, hasta ahora castigadas por esa inmovilidad». Pensamos, ojalá, como todo el mundo bursátil lo habrá pensado. Pero, al unísono, lo vemos tan difícil... Sólo guiándonos por la voracidad fiscal que se demuestra. Por estar perdiendo recaudaciones importantes -por el campo y sus colaterales- y, además, por el ritmo de gasto público y obligaciones que se vienen encima, no podemos creer con entusiasmo en que una medida -tan justa- se implemente en estos tiempos.
A menos que resulte parte de alguna «negociación», ya que a la Unión Industrial se le pidió subordinación y buena letra, esa posibilidad es sumamente lejana de tener en cuenta para las evaluaciones.
Y eso que es casi la única carta brava que el mercado local podría llegar a poner en la mesa, como para encontrar un principio de cambio de fondo. Y poder descontar parte del atractivo, que nos lleva el vecino de ventaja. No una, decenas de veces en estos últimos años, hablamos con el lector acerca de la verdadera «confiscación» que realizaba el fisco, al tomar su parte de los números de las sociedades. Y no resiste el menor análisis en contra, salvo la veracidad y el fanatismo, permitir que las compañías ajusten lo suyo y salgan del número «histórico», que rigiera en la década de la convertibilidad.
Una bella esperanza, sin dudas, pensar en que tal cosa pueda aparecer oficialmente. Capaz de provocar una fuerte corriente hacia los papeles locales (en menor medida que a mediados de los 70, pero con la misma raíz). Antes que eso, habría que pedir -rogar- que dejen todos de estar jugando para Brasil. El estilo de Bilardo: «Muchachos, nosotros somos los de celeste y blanco, no los amarillos».
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