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3 de junio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Hay quienes dicen que el gobierno está jugando a que el campo se vaya mellando, desgastando solo. O que aparezcan divisiones en el frente único de las entidades (sobre lo que se debe estar trabajando, de modo subterráneo).

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Por las ya insólitas dilaciones en tratar de ponerle un punto final al entuerto, esa especie merece cierto crédito: que sería el único modo de entenderlo, que responda a una estrategia -equivocada o no-y que derivado de ella, todo un país esté viviendo en la incertidumbre a lo largo de casi todo el trimestre.

Lo que no se sabe es si sopesaron, los «genios» que diseñaron el método, los «efectos colaterales» que se generan a partir de un supuesto remedio principal. Y que, como también sucede siempre, no tiene solamente una medición numérica. No es solamente apuntar cuánto pueden perder los balances de empresas relacionadas con el agro. O si se ha cortado la cadena de pagos, que produce -por sí mismaun peligroso efecto dominó dentro de la economía. El clásico mensaje de «No te puedo pagar, porque no me pagan...» hace que se forme una cadena de verdaderos afectados, con eslabones que se agregan de los pícaros, que nunca faltan, para retener pagos de obligaciones. O estirar los plazos. Hacia donde uno decida fijar la vista, podrá encontrar secuelas de una situación como la que se está viviendo con el campo.

Y lo principal, y que suele no aparecer en las evaluaciones de analistas y funcionarios, la penetración del problema en los ánimos y el humor de las personas, tengan o no que ver con el sector involucrado.  

En el trato diario, en charlas informales en el ámbito de los mercados, o hasta en lo doméstico, se puede advertir un malhumor creciente. Y un tufillo que nada tiene que ver con antojadizas denuncias de conspiraciones, o aspiraciones que pongan en riesgo lo institucional. En general, cada vez que saltaron ciertos problemas arduos, o bien sensaciones de críticas y oposiciones a ciertas medidas de gobierno, de inmediato se colocó por delante si eso no respondía a querer «desestabilizar» al poder, o a intenciones «golpistas» que -sólo en cierta porción de la ciudadanía-pueden prender como si fueran realidad.

Lo que se puede chequear es una atmósfera de desilusión, de frustración, por ver a la Nación con gran oportunidad de extraer lo mejor de las posibilidades que se ofrecen. Y este increíble choque de ponencias, que se apartan en lugar de aproximarse. Arrancamos junio, casi mitad de ejercicio terminado, y si el mercado tuviera voz, diría: «¿Y, qué hacemos?». ¿Hacia dónde puede apuntarse? No hay otra manera de empezar el sexto mes, solamente con temores, rogando por ver un poco de razón. Y no desgaste.

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