Cupones bursátiles

Economía

No se habla más de retenciones, salió oficialmente de la boca de un funcionario, como decretando una prohibición en virtud de ciertos superpoderes. Con lo cual quita alternativas, coloca todo en un pasillo y potencia una imagen que ya le dio una sorpresa previa: cuando la presa se convierte en cazador. Ningún texto que hable de estrategias dejará de aconsejar que nunca hay que dejar al enemigo sin opciones, porque cualquier rival -por pequeño que parezca- puede dar mucho trabajo si la única alternativa es que luche por su vida.

El gobierno ha podido ver de qué manera lo que parecía una simple presa -el agro- primero reclamó, después se vio luchando por sobrevivir. Y, de última, hasta le hizo tambalear el tablero político, a tal punto que se lo quiere tildar de «golpista» y opositor. Las distintas mutaciones de lo que parecía una presa indefensa y termina resultando un rival de mucho cuidado, fue por simple cadena de errores cometidos del que se mostraba como cómodo «cazador» de presas tentadoras. Y cuando se quiere dar por terminado el asunto, con la serie de prometidas obras provinciales -con la caja manejada desde Buenos Aires- se quiere convencer con aquello de «dar un pescado a un hombre en vez de enseñarle a pescar...». Pescado que caerá en boca de solamente los alineados, si es que cae de verdad.  

¿Qué tiene esto que ver con los mercados? Pues, todo. Y si no se presta atención y no se cae en la cuenta de cuál es el escenario en que debe resolverse una inversión y bajo qué tipo de conducción se está teniendo que ver el desarrollo de ese escenario, el error en la evaluación y la proyección de esas inversiones resulta un pecado capital para la cartera. El ejemplo más notorio en estos años, y aquí, no ha pasado por la inversión en acciones como muestra de lo fallido, sino por los «bonos» de deuda soberana. Sabemos que hay muchas carteras, las institucionales, que siempre deben atragantarse de esos papeles públicos «por decreto» (bancos, fondos de pensión, etc.). Pero aquellos que pudiendo elegir libremente volvieron a tentarse con tales bonos, seguramente que no incorporaron en sus elementos de juicio lo principal. Esta misma gente que defraudó con el canje de deuda, que no hizo honor a los compromisos, si en algún momento no les agrada el resultado va a emplear otra estratagema para no pagar lo debido. Y por allí surgieron esos números grotescos del INDEC. Y después, la directa apropiación de esa entidad de mediciones, que vio esfumarse su prestigio. Un pecado capital, que se pagó con lo que sucedió después: quedarse colgados con el que es el peor activo del mundo. Una dura lección.

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